Política cero

Ugalde, en su papel de sirena feliz

Es muy grato saber que, habida cuenta de que a su paso por el IFE éste convirtió a tan noble institución en una tlapalería, la opinocracia nacional le hace caso a Luis Carlos Ugalde y hasta supone que tiene la boca retacada de razón. Sobre todo cuando en una más de sus notables hazañas afirma que la idea de organizar una consulta popular para echar para atrás la reforma energética de Peña Nieto es una patraña. Afirma que bajo el amparo de la ley no hay espacio para tal cosa en la reforma política ni se contempla en la Constitución ni está en el calendario de la FMF. Que él estaría muy de acuerdo en que tal cosa fuera posible —que el ciudadano decida si devuelve o no a Pemex a sus antiguas potestades nacionalistas—, pero que ya se chingaron, que no hay manera de que sea vinculante, que ni le muevan.

No sé por qué se me ocurre que ir con Luis Carlos de compañero de vuelo en medio de una turbulencia debe ser una experiencia religiosa. Casi a la altura de la de 2006, cuando se cubrió de gloria.

También es curioso el trato de privilegio que se le da a Ugalde, tan así que casi se nos olvida su calidad de criatura dudosa y, por lo tanto, nadie se atreve a contradecirlo cual si fuera pecado. Y antes al contrario, hasta hay quienes le rinden culto de Tlatoani. Claro, y cuando hay que debatir con él, le ponen de sparring a Acosta Naranjo, que es tan intelectual como El Piojo Herrera.

Y es que, de plano, poner a Ugalde en su papel de sirena feliz en temas trascendentales para la patria es como si en materia de goles y cómo clavarlos en una final futbolera, hicieran un coloquio con la delantera del América. Ya me imagino qué dirá del caso de la guardería ABC, o de #JusticiaParaYaki, donde el GDF se ha guanajuatizado como nunca, que ni cómo ayudarles.

Digo, aceptando sin conceder que Ugalde estuviera en lo cierto, la ciudadanía tiene un hándicap a su favor. Son tantos los años que sus supuestos representantes en las cámaras han tomado decisiones sin consultar a las bases, que seguramente éstos no harían muchos gestos en el Congreso si por una vez en la vida los que votaron por ellos y mantienen sus vidas de pachás, les dan un instructivo para irse directito y sin escalas al rancho de El Peje.

Todos sabemos que la política en México, sobre todo quienes la ejercen, es bonita; lo malo es que está llena políticos mexicanos. Ahí está la chinga.

A ver si no se le ocurre a Miguel Mancera armar la consulta popular como si fuera la del Metro.

jairo.calixto@milenio.com

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