Política cero

Los Topo Gigios aman en cuaresma

Cuando se señala a México como un país donde la impunidad tiene su madriguera y luego cunde la histeria y aquello se convierte en un merequetengue de dimes y diretes, siempre es importante tener ejemplos que desactiven esas narrativas malsanas.

En ese sentido hoy podremos presumir que contra lo que dicen los héroes del sospechosismo, en estas tierras del folclor y del maíz, donde para nada existe el tráfico de influencias ni el conflicto de interés, hay verdadero espíritu justiciero. Sobre todo ahora que hasta la ONU pretende de manera impositiva darnos lecciones de moral y, peor aún, de qué es y qué no “desaparición forzada”.

Ya se sabe, desaparición forzada fue lo que hizo Calderón con Mexicana de Aviación, no que la gente sea llevada contra su voluntad a alimentar mitos geniales que son producto de la fértil imaginación de quienes no saben valorar que México sea un país de emociones fuertes.

Como quiera que sea, y recuperando el orden de ideas, hay gente que, como dice Fox, no es capaz de superar las tragedias por falta de Prozac y terapias de autoayuda, estancándose siempre en el pasado, o insisten en incubar la idea de una patria desmadejada y turbia.

Afortunadamente existen amplias demostraciones de que todo eso es falso. Ahí tenemos la asombrosa historia de don Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, rey de los Topo Gigios y el reguetón, barón del trash metal y celoso cancerbero de los más altos preceptos del PRIcámbrico temprano. Acusado de quién sabe qué hórridos tejemanejes de trata que se trata de trata, señalado por supuestos apetitos lascivos y carnales, víctima de quienes no aceptan que calladito se ve más bonito, hoy puede levantarse con orgullo pío en toda su monumental representación de valores ejemplares y heroicidad suprema.

Contra lo que exigían sus enemigos puristas y puritanos, la benevolente y encantadora organización a la cual pertenece cual chozno de don Plutarco, el PRI decidió salomónicamente no expulsarlo —lo cual habría sido un gravoso error habida cuenta de su probidad e inclinación por la continencia, como si Lord Voldemort regalara su varita—, sino suspenderlo solo temporalmente para que pueda apoyar a su santa madre en los próximos procesos electorales.

A la otra que lo canonicen.

jairo.calixto@milenio.com

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