Política cero

Topo Chico, infierno grande

El distinguido y bien enguayabado lopezportillista al que se le ocurrió ponerle a los que antes de manera popular se les llamaba tambos el sereno y nada ambiguo título de Cereso (Centros de Readaptación Social) debió ser poseedor de un gran sentido del humor negro, pues en la realidad no se sabe si es más peligroso caer en esos antros de vicio y perdición o en una patrulla de la policía veracruzana. De hecho sé que hay un proyecto donde se pretende convertir al estado en un gran Cereso y para que se eduquen será administrado por el gran gobernator Javiercito Duarte. De lo que se trata es de administrar mejor los recursos, no duplicar funciones, alentar la creación de sinergias y abrir nichos de oportunidad. Es como lo que quiere hacer Mikel Arriola en el IMSS que, inspirado en el legado de su tecnócrata antecesor, pretende hacer más eficiente a una institución que tiene el pequeño problema de que no trata con números, sino con personas con problemas de salud.

Comoquiera que sea, hasta donde hay constancia, diría Jim Morrison, de los Cereso nadie sale vivo ni readaptado. Pero ni falta que hace, pues la experiencia de vida es superior, ya que de manera estrictamente pedagógica se juntan 12 reos en éxtasis dentro de una celda más pequeña que el baño en una casa de interés social; hacen convivir a reos de altísima peligrosidad y muy poca jefecita con compatriotas que si acaso se robaron un Bubulubu y un Frutsi, y se permite de buena gana que el lugar no lo administre la autoridad sino los propios reos —si es un zeta mucho mejor— como una muestra de fe en la humanidad. No se crea que por temas relacionados con la corrupción y esas cosas que solo están en el imaginario colectivo.

A raíz de lo ocurrido en Topo Chico, como botón de muestra del estado que guarda el sistema carcelario nacional, se ha criticado mucho al señor licenciado don Bronco. Hasta querían que la autoridad reaccionara y arreglara todo luego, luego. Incluso hasta Zambrano quiere que renuncie como si él, este Chuchito en fuga, hubiera hecho lo propio cuando lo de los Abarca de la parca.

No, hay que comprenderlo y apoyarlo como los banqueros al recorte presupuestal, ya que apenas se va bajando del cuaco de la candidatura. O sea que se afoxió; y por eso todo lo que ha hecho ha sido dudoso, contradictorio, titubeante y tibio, pero seguro que para cuando cumpla su promesa de agarrar al ex góber Medina, se va a convertir en un verdadero estadista. No se apuren quienes lo quieren ver en Los Pinos.

Para que lo sepan, los únicos auténticos centros de readaptación social son los partidos políticos. Ahí está Moreira para confirmarlo.

jairo.calixto@milenio.com
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