Política cero

¿Por qué Sting no fue al Ángel?

Cuando el ex góber del Edomex y tristemente fallido aspirante presidencial Arturito Montiel (solo a él se le ocurrió meterse con un prohombre como Roberto Madrazo, especialista en atajos para los maratones) acuñó en alguna de sus campañas la frase histórica de que “Los derechos humanos son de los humanos, no de las ratas”, no podía saber que a la vuelta de los tiempos ese epíteto inmortal sería tan incomprendido que le caería a manera de maldición al licenciado Peña.

Es como si el karma instantáneo de John Lennon se hubiera convertido en policía del karma de Radiohead.

Al parecer nadie entiende la profundidad del mensaje —sobre todo porque los derechos humanos están tan innecesariamente de moda en un país como el nuestro, que no hay dos en la vida, donde 98 por ciento de impunidad es solo parte de la mexicana alegría—, así que se desata una especie de extraña persecución internacional contra el gobierno mexicano.

Afortunadamente las autoridades han logrado desactivar esa lluvia contra México de parte de la ONU, la OEA y la CIDH, con gráciles ejercicios de melodrama ranchero a los que el alto comisionado respondió con un grosero “No se azoten que hay chayotes”, por su traducción al español.

Lamentablemente siguiendo este juego perverso está un tal Gordon Sumner, el hijo de un lechero devenido en rockstar políticamente correcto bajo el nombre de ST que —como si aún encabezara a la vieja banda rockera, The Police— salió en un concierto en Tequesquitengo con que le dedicaba una canción a “los desaparecidos de México”. No se vale. Sobre todo si las sentidas dedicatorias podían ser para los verdaderos héroes que nos dieron patria, nuestros pamboleros que se ganaron su pase a los Juegos Olímpicos, y el Tri del Tuca, que venció con pundonor a los gringos que cruzazulearon y chicharearon.

Pero no tiene la culpa el indio sino el que ve sus películas. Si los organizadores ya sabían de los antecedentes Sting, ¿para qué lo invitaron? Le ha dedicado rolas a las Madres de la Plaza de Mayo, quiso salvar el Amazonas y hasta en su momento, cuando la guerra fría aún rifaba en los reaganomics, cantó que lo único que lo animaba frente al poder de los misiles era que los rusos amaran también a los niños, ¿pues qué esperaban?

Nada más faltó que el artista se alegrara de que la Fepade esté investigando al Partido Verde por más delitos electorales, y que estén molestando a Gabino Cué, que no tiene casa blanca, sino depa de interés social.

Fue triste que Sting no fuera a celebrar al Ángel.

 

jairo.calixto@milenio.com

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