Política cero

Skynet y "Terminator" en Veracruz

Lo único que extraño de los discursos oficiales alrededor del triste caso del fotoperiodista asesinado en la colonia Narvarte de la Ciudad de México, Rubén Espinosa, es que no haya aparecido el ex secretario de Gobernación de la Calderolandia, el admirable inspector Poiré que no Poirot, a lanzar una enérgica condena. Porque, afortunadamente, lo de prometer que se hará una investigación exhaustiva y conforme a derecho, caiga quien caiga, con todo el peso de la ley de por medio, eso sí lo ha dicho todo altísimo funcionario que ha salido a la palestra. Bueno, hasta Mancera hizo lo propio, no sin antes asegurar que la matazón en tan céntrica y popular colonia, donde los hipsters hacen su nido, es totalmente atípica como las lluvias en el Edomex, que todos los años inundan el Bordo de Xochiaca.

Me gusta ese espíritu discursivo que unifica a todos los políticos entre sí y que, dados los resultados favorables que se tienen contra la impunidad a lo largo de los años, por lo regular le obsequian a la ciudadanía una tranquilidad y una certeza jurídica como de los tiempos en que El Chapo Guzmán no tenía su túnel con vista al mar ni su amparo para que en el muy remoto caso en que lo apañen las autoridades (como dice Fox, a fuerza de drones y yi-pi-es), no me lo vayan a extraditar a Estados Unidos a menos que sea a una cárcel del tipo Orange Is The New Black.

Por supuesto, no hace falta tanta intensidad de la autoridad en materia de promesas justiciera, pues el hecho delictivo seguro no tiene nada que ver con lo político, ya que incluso el góber Duarte ya dijo que el caso era “aberrante”. Mal por esa bola de genízaros de ultraizquierda que quieren echarle la culpa a él, que incluso ha declarado a las palmeras borrachas de sol, patrimonio intangible de la jarochosidad.

Ok, hay problemas de inseguridad en el estado que se pueden contar con las manos del Pato Donald, y quizá el aparato policiaco tenga unos pequeños problemas —el más complejo, ser como el hastío que es pavorreal que se muere de luz en la tarde—, pero de ninguna manera el licenciado Duarte tendría ni siquiera una tentación caciquil. Ni que estuviera en la plenitud del pinchi poder, como diría el tío Fidel Herrera.

Seguramente policías, emepés, abogados, funcionarios y demás representantes del aparato judicial dirán que todo fue el suicidio colectivo de una secta satánica, un encuentro cercano del tercer tipo o la intervención fatal de un Terminator al servicio de Skynet en su búsqueda de Sarah Connor.

 

jairo.calixto@milenio.com

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