Política cero

Ramos vs. Donald


La vida idílica e idealizada del periodista ha terminado. Sobre todo en Estados Unidos. Lo que solía ser un oficio agitado pero divertido, se ha vuelto peligroso. Ahora, cuando no te regaña Donald Trump y te echa a patadas de sus conferencias de prensa como si fuera una encarnación diabólica del Tuca Ferreti y el Piojo Hererra, también puedes ser víctima de algún ex compañero que, por falta de inteligencia emocional, puede balacearte mientras estás en una entrevista al aire, a la salud de su resentimiento social.

Para que vean que el mobbing laboral tiene sus consecuencias, más en un país como el que tanto exalta Trump donde los niños nacen con una AK-47.

Como quiera que sea, lo de Donald contra Jorge Ramos es uno más de sus bonitos arrebatos en su afán por ganar las simpatías de la ciudadanía red neck y de ultraderecha hillbilly que requiere de un líder espiritual que, si no le teme a andar por la vida con ese peluquín que parece tener vidanostalgias decimonónicas, menos le va a temer a los periodistas. Ramos, conocido por su facilidad para alterarle los nervios a los políticos (abusó de la nobleza del licenciado Peña, transformó a Fox en Maduro y ahora le recordó a Trump sus nobles aspiraciones kukusklanescas), puede darse de santos de que el magnate no le hizo comentarios sobre el estado de su próstata y ni le recomenó los servicios de un proctólogo. Ya ven que lo suyo es la cultura de Guerra de chistes, como lo demostró con la entrevistadora de FOX News a la que con la sutileza de un gentleman de Las Lomas llevó al territorio íntimo de su periodo menstrual.

De hecho, estoy seguro que en cualquier momento el especulador, sobre todo inmobiliario, sería capaz de aplicarse la terapia Caitlyn Jenner con tal de llegar a la Casa Blanca, si eso le fuera de utilidad. Incluso recurriría a los servicios de esa gran politóloga mexicana llamada Carmelita Salinas —sí, la misma que no sabía cuánto iba a ganar en San Lázaro y que al saberlo se entristeció porque es mucho menos de lo que le pagan como actriz— para tender puentes con la comunidad latina que ni aguanta nada.

Afortunadamente esas cosas no suceden en México, donde el ejercicio del trabajo informativo está plenamente garantizado. Tan así que a pesar de lo que digan los agoreros del desastre y los adictos a la depresión, hay estados como Veracruz, donde se ha construido con tesón y políticas públicas del amigo Duarte, un auténtico santuario para el trabajo reporteril.

Jorge Ramos debería de darse una vuelta.

jairo.calixto@milenio.com
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