Política cero

Pobre de Voltaire

En México todo es relativo, menos la Ley de la Relatividad que acá es costumbrismo puro. Por eso mientras se celebra el Día internacional de la Mujer cunde la cursilería laboral (con mensajitos sacados de los peores de Paulo Coelho), la emocional (“benditas sean las mujeres, qué haríamos sin ellas” y luego interpretan aquello de “hablando de mujeres y traiciones”, sin olvidar la muy sentida poesía de Arjona) y la institucional (solo por este día las mujeres conducen programas de televisión, radio y el pensamiento machista medio se relaja, mientras los feminicidios cunden en el Edomex y Puebla).

Eso es bonito, que la lógica del Día de la Madre se reproduzca el 8 de marzo para que también les regalen planchas y máquinas de coser para que no se les olvide su papel histórico. Hemos avanzado, el pensamiento igualitario está en boga, pasamos del horno de tierra al de microondas.

Es como con los derechos humanos, todos los gobiernos los enarbolan, los sacan a pasear en los discursos, los políticos y funcionarios se bañan en sus perfumadas aguas, pero cuando hay que aplicarlos se convierten en enemigos de la patria y en un peligro para la aplicación de la justicia. Y oímos alegar, incluso a quienes enarbolan banderas justicieras, o sobre todo a ellos, que los derechos humanos son de los humanos no de las ratas, como dictaba aquel humanista eslogan de la campaña de Arturo Montiel, al que luego le dieron su Madrazo. Pura relatividad.

Ahí está el caso de Pink, una película que los mismos que critican a los derechos humanos, sobre todo si son relatores de la ONU, señalan con índice de fuego por su naturaleza patibularia y pensamiento medieval recalcitrante con homofobia incluida, aunque defenderían a muerte su derecho a ser exhibida.

No estoy seguro que Pink tenía que haber sido exhibida no solo porque es un alegato anti gay que parece inspirado en Serrano Limón –lo cual puede ser tan respetable como su derecho a coleccionar fetiches tangueros—, sino porque más allá de su mala factura, chistes de a peso, lo que se propone en realidad es un linchamiento. O sea, al salir del cine lo que le dan ganas a la fanaticada para la que fue hecha la película, no es de hacer chistes de “putitos” sino de salir a quemarlos, literalmente, en leña verde al ritmo de Yuri, que es como la madrina de tan open mind espectáculo cinematográfico, cantando aquello de qué cosa sucede con la quemazón.

Es curioso que las buenas conciencias exijan que el uso de Periscope sea acotado para no perturbar al #LordMeLaPelas  hasta que le regresen al Peje sus spots (para que no diga que lo quieren borrar y el Tribunal le sigue la corriente), pero con esta cinta que es lo más parecido a una turba enardecida con antorchas en la mano, nomás los veo citar de manera balbuceante a Voltaire.

 

jairo.calixto@milenio.com

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