Política cero

En el PAN la vida debería ser más sabrosa

Hasta el momento de escribir esta columna que tiene algo de cruz y del Pantera, las elecciones panistas transcurrían del tedio al bostezo. Lo más emocionante fue cuando el anticlimático Héctor Larios mostró, con algo remotamente parecido al entusiasmo, su voto que acababa de anular para ver si así quedaba bien con dios y con el diablo, fiel a su costumbre. (Se le olvida que los zacatones no van al cielo). Eso y las impugnaciones de Corral, que eran previsibles, pues habían detectado puntos donde había acarreados. Algo raro, pues en Acción Nacional no se tienen esos abusos y costumbres, además de los moches, las especulaciones inmobiliarias, las Estafas de Luz y los ritos satánicos con Montana incluida; a lo mejor confundieron a esos acarreados con los pitufos de Jelipillo que se mueven cual parvada en Parque jurásico.

De ahí en fuera, cualquier cosa fue más divertida que las votaciones panistas (sobre todo en el momento en que Ricardo Anaya, en su papel de adulto chico o niño grande, salió a pedir que se respetaran los ver cómo la gente tomaba muy en serio el testimonio de Chapa Bezanilla —el Señor de las Pacas— cuando fue tinterillo de #AngyLibre y se puso a despotricar contra de su clientela. Pero no tiene la culpa el indio, sino el que ve sus películas.

Dicen que hasta la osamenta de Muñoz Rocha se sintió ofendida.

Bueno, hasta la primera emisión fallida del licenciado Peña a través de Periscope (que se lleva el Premio Ronda Uno), fue más animada que el numerazo electoral panista. Hasta se extraña la capacidad de Los Chuchos para dar show, los tuits verdosos del Piojo, el dedo flamígero del Peje (fue bonito que luego de declarar que zafaba colaborar con Aureoles, muchos se pusieron chípiles como si hacerlo fuera como trabajar en Google), la ceja levantada de Don Beltrone &Co.

Por lo menos para ponerle algo de color al asunto, el señor Madero tendría que haber apadrinado una boda gay, como hizo el amigo Layín que no Layún en Nayarit, al ritmo de “el taquito, el traguito y el ruidito”. Cualquier cosa hubiera sido mejor que hacer lo que hizo, luego de darse cuenta que, casualmente, su nombre no estaba en la lista: decir que ambos candidatos serían buenos para el PAN. En primera, nadie le creyó, pues bien sabemos cuál es su consen; y en segundo, todos sabemos que ninguno de los dos sacará al buey de la barranca. Mejor deberían de traer al Loco Bielsa que, con el tema de la selección nacional, demostró que es buenísimo para las telenovelas.

jairo.calixto@milenio.com

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