Política cero

Naturaleza muerta con ‘teibol dance’

Dicen los que creen que saben que la llamada Zona Maco es el mayor espectáculo de las geografías límites del arte, ahí donde hacen su nido los verdaderos creadores, anticipados y remisos, que construyen una nueva narrativa de la generación de contenidos artísticos, y los timadores más temerarios que a fuerza de retórica y engaños pueden hacer que una sandía envuelta en una funda para iPad sea una obra maestra.

Pero para mala suerte de la hipsteriza adicta a los performance engaña-pendejos, o la multiplicación de malas copias conceptuales de Marcel Duchamp, la realidad política nacional supera sus fantasías de diseño y experiencias edulcoradas.

Nada de lo expuesto en la Zona Maco, pleno de las imposturas más snobs, podría competir con la excelsa curaduría del zoon politikon que desde tiempos inmemoriales se dedica al Art-Macó-peroNacó. Piezas superan cualquier fantasía hipster en algo que se puede denominar “Naturaleza muerta con teibol dance”. O lo que es lo mismo, en México no hay conflicto de interés, sino interés de que haya conflicto.

Ahí tenemos el mural efímero del crematorio abandonado en Kafkapulco, ejemplo del orden y progreso que reina en esa geografía ignota, en el que se recrea con vigor hiperrealista ese Jardín de las delicias bizarro con “Gernika” incluido que es el estado de Guerrero.

Y qué decir del ready made, este objet trouve, arte de hallazgo que tanto ponderaron los surrealistas. Algo que abunda en la galería de la patria en forma de acciones poético-estéticas de la política: “En Tultitlán hay psicosis, no secuestros”, afirma síndico desde aquel mundo de caramelo del Edomex, donde el edil de Cuautitlán Izcalli ha develado un busto estilo Guerrero Chimalli a la Sebastian.

El boteriano homenaje ambulante que es Cuauhtémoc Gutiérrez, rey de los topo gigios, cuya operadora será candidata del PRI. La presa del padrote Padrés como paisaje de relojes derretidos de Salvador Dalí en la lógica del anagrama que le acuñó Buñuel: Ávida dollars.

Y la Secretaría de la Función Pública como barroco pero churrigueresco laberinto Godínez de Escher que hace temblar el imperio del Kitsch.

Lamentablmente en la Zona Maco no conocen a Dios y se creen herederos de Yayoi Kusama; le rinden culto a cualquiera que lleva un lacio peluquín naranja.

jairo.calixto@milenio.com 

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