Política cero

Mick Jagger ya no toma tequila, toma mezcal

Como ya estoy como Mick Jagger, que se le anda escabullendo de Sean Penn —según contó el legendario Stone en el magno concierto en el Foro Sol— me trepé al Metro para despistar al enemigo, al fin que era gratis debido a la contingencia ambiental que se desató sobre la Ciudad de México gracias a los buenos oficios de panistas y jueces, que soltaron en nombre de la libertad de tránsito a 500 mil coches para que esto se pusiera heavy metal. Ahí, en la hora chimengüenchona, me di cuenta que el secretario Videgaray tiene mucha razón, sobre todo cuando afirma que la mala percepción, sin duda desinformada, hace creer a la gente que la economía mexicana no anda nada bien.

Pero cuando uno se sube al Metro lo que se revela en realidad es la prosperidad. Cualquiera diría que aquello es la sala de espera VIP, y que quienes ahí se encuentran son prósperos beneficiarios de las reformas estructurales, recipiendarios sin duda de formas antes imposibles de bienestar para sus familias. De hecho, hasta se podría decir que por su aspecto muchos de los usuarios presentes deben tener su propio Ferrari con guaruras y toda la cosa, pero desprovisto de la naturaleza parasitaria y padroteril del señor Sentíes, mejor conocido bajo el mote necesarísimo de #LordFerrari, hijo putativo del #LordMeLaPelas, descendientes directo del #GentlemanDeLasLomas y las inolvidables #LadiesDePolanco.

Como ni el amor ni el dinero se pueden ocultar, en los vagones del STC se podía aspirar la riqueza, los trabajos altamente remunerados, la proliferación de símbolos de status, el derroche de exorbitantes hábitos de consumo y la preclara normalidad de quienes les quitan a los ricos para darle a la clase media alta

De hecho, si estos compatriotas quisieran y se pusieran de acuerdo en una vaquita nacional con caguamas incluidas, hasta podrían financiar el muro por el que tanto chilla Donald Trump y por el que amenaza con declararnos la guerra. Tema que ya el licenciado atajó con la contundente promesa de que ese muro, que no me deja verte, no lo pagarán los mexicanos. Por supuesto; y si no, estoy seguro que don Enrique sería capaz de vender la casa blanca y pedirle a Videgaray que aporte la de Malinalco, para pagar tan magna obra. Igual le podemos pedir una lana a Moreira por los servicios prestados, a Duarte algo de la lana que anda desaparecida en Veracruz en uno de sus levantones financieros, y a los diputados que no tienen en qué invertir sus recursos y que por eso desperdiciaron 19 mdp en un proyecto chafón para dejar San Lázaro como la Estafa de luz.

Pero si sus Satánicas majestades aguantaron la contaminación quizá al pasarse del tequila al mezcal, ni modo que los mutantes no podamos derrotar a los imecas.

 

jairo.calixto@milenio.com

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