Política cero

Mejor los hermanos Almada

Al igual que la Casa Blanca también me indigné por la manera presuntuosa con la que El Chapo Guzmán reveló que para el negocio del tráfico de estupefacientes tenía toda clase de transportes, incluyendo submarinos. Sí, qué raro que alguien que se dedique a estos negocios tenga todos estos recursos, este poder, y que aún así aparta ante unas estrellas de la talla de Sean Penn y Kate del Castillo con unas camisas de cadenero de antro de Kafkapulco. Claro que hubiera sido mil veces mejor que cuando lo apañaron por enésima vez en Los Mochis saliera con ese atuendo de mirreysazo a que lo viéramos con esa playerita de tablajero del Mercado de Portales.

Pero lo que es todavía más extraño es que al saberse sobre la entrevista del ex de Madonna con el señor Guzmán se soltara una ola de puritanismo periodístico, por que cómo era posible que la revista Rolling Stone le diera voz a un maleante y cómo era posible que dos artistas pudieran tener acceso a este canallesco personaje. O sea, el auténtico tren del mame.

Es como si la gran periodista y escritora Oriana Fallaci no hubiera entrevistado a un montón de sátrapas impresentables solo por un prurito moral medio chafa.

Bueno, qué les digo de Truman Capote o Norman Mailer que descendieron a los infiernos para conocer el alma de un bonito grupo de matones, simplemente tendríamos que quemar sus asombrosos libros.

Molesta que El Chapo hiciera gala de cinismo, tuviera amarchantados a soldados y federales, y no presentara ningún tipo arrepentimiento mientras se justificaba por la falta de oportunidades en la tierra que lo vio nacer. Puede ser, pero más allá del melodrama ranchero, si en Sinaloa en particular y en México en general existieran otras condiciones menos desesperadas personajes como El Chapo, el Pozolero, los políticos transas y los niños matones de Morelos serían menos.

Además, dicho sea con todo respeto, sería muy ingenuo esperar que El Chapo sacara a pasear las lágrimas de cocodrilo y ahí mismo frente al cuate de Hugo Chávez, claramente atormentado por sus demonios, donara sus recursos a la caridad para luego colgarse de un amate para expiar sus culpas.

Ahora, también están los que esperaban que Guzmán Loera fuera un académico y un filósofo y que su discurso se mostrara brillante e intelectual. Digo, es un astuto traficante de drogas, exitoso en un área muy para hijitos de la chingada... ¿qué esperaban? ¿Un tipo sensible, encantador y coleccionista de arte sacro?

El verdadero error del Chapo fue buscar a Kate para que produjera una película sobre su livin’ la vida loca. Necesitaba a gente con experiencia en el ramo como los hermanos Almada.

 

jairo.calixto@milenio.com

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