Política cero

Medalla al mérito al Cruz Azul

Si en efecto como dice Peña Nieto, las leyes de telecomunicación están pensadas para generar competencia y certidumbre, la pregunta es ¿por qué se eligió o dejaron que se autodenominara el senador Javier Lozano para que encabezara su escritura y propuesta a sabiendas de que aunque es una linda personita, tristemente no goza de la aceptación de linchadores y resentidos sociales solo porque durante su gestión en la Secretaría del Trabajo al servicio de Calderón fue la versión laboral de García Luna Productions?

Digo, si ya saben cómo es, no me lo hubieran dejado solo como a La Tucita. No sé por qué se me hace que me lo querían venadear adrede. Sacrificarlo para que al fin apareciera, como después sucedió, Gamboa Patrón a dar una conferencia para asegurar que ninguna libertad se pondría en entredicho en internet, dejando al PRI como el héroe de esta película, papá, y abandonando al panista en calidad de cebo para sus compañeros de partido que no solo no lo han defendido, sino que hasta se pasan de lanzas llamándolo Chivaloca (bueno, le pudieron haber dicho Chivacola).

Todo indica que esta es la increíble y triste historia del cándido Lozano y los priistas desalmados. Sin saber que era solo un instrumento de sistema y creyendo que obraban de buena fe quienes lo encaminaron por esa supercarretera del terror de internet, allí donde los trolles hacen su nido y donde me lo bajonearon gacho. Como están las cosas en el PRI, donde están en la lógica de sacrificar peones son capaces de dejar que ese grato héroe de la autoprocuración de carnes frías, Catémoc Gutiérrez, defienda el proyecto de Lozano en materia de telecomunicaciones para que lo acaben de linchar, y de paso ganarse el aplauso del graderío cuando lo echen del tricolor en calidad de elemento gacho.

Yo creo que en vez de que la PGJDF le ofrezca protección a las víctimas del señor de los Topo Gigios para que se atrevan a denunciar, se la deberían ofrecer a Lozano, que ha quedado más amolado que Mexicana de Aviación después de sus gestiones.

Pobre, al rato le van a echar la culpa de que la maestra Gordillo estuviera a punto de salir del tambo, lo que puso a sus enemigos a chillar peor que los casineros.

Ya lo único que le falta a don Lozano —y sería muy justo— es que la diputada perredista, Alliet Mariana Bautista, pida al pleno en San Lázaro que le den la medalla al Mérito, como hizo con el Cruz Azul por ganar la Concachampions antes de que nos caiga el Armagedón.

jairo.calixto@milenio.com

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