Política cero

“¡Malditos marginales!”

Aunque es plausible que el gobierno, a través del siempre dilecto y amigable licenciado Peña, anuncie que la ley no es negociable y que las reformas, particularmente la educativa, no están para ser revocadas por ningunos disolutos y comecuandohay, quizá no sea tan buena idea casarse con la misma lógica del “patria o muerte, venceremos” de los opositores. Está bien que hay que jugar para la tribuna fundamentalista y quedar bien con los patrocinadores, que luego se ponen tan flamencos como los de la CNTE, pero no estaría mal establecer una estrategia mediante la cual se despeje la idea de que esta administración es autoritaria, antipopular y adicta a los dictámenes de los emisarios del pasado echeverrista.

Anunciar así nomás sin anestesia que no hay más ruta que la nuestra no es tan bueno para la salud institucional como se cree. Sobre todo porque en las pasadas elecciones ya se vio que los mexicanos que no han sabido valorar los innegables logros gubernamentales convirtieron su voto en una forma de protesta por cosas tan nimias como la corrupción, la impunidad, la imposición y la re-re-represión.

Ahí sí, si los del PRIcámbrico temprano le hubieran cargado calor a los gemelos Duarte, bueno, hasta habrían ganado la Copa América y no se estaría organizando una marcha en Buenos Aires pidiéndole a Messi que no se vaya.

Ahora mismo no está de moda montarse en su macho ni nada de esas cosas, ya ven lo que les pasó a los de Podemos en España y a los ingleses que se la creyeron, y ahora doña Angela Merkel, que está peor que novia dejada y, haciendo cara de Soraya Montenegro, ya los está echando al precipicio al ritmo de “¡malditos marginales, lárguese de mi casa!”

Qué necesidad, diría Juanga.

Más ahora que en Quebec a don Enrique le gritaron y lo cuestionaron por todo (a lo mejor lo confundieron con el Nuño Artillero) y hasta le recordaron en muy mala onda lo de Ayotzinapa y cosas de esas que no se le hacen a un estadista que colecciona verdades históricas. Y eso que logró, además de llevar al desmayo a un guardabosques, que el junior Trudeau quitara la visa a los mexicanos. Claro, tenemos que tener un alto porcentaje de miel de maple en el cuerpo, saber jugar hockey y nunca pedir asilo político aunque te correteen Los Ardillos, y no parecerte a Napito Gómez Urrutia.

El tema es no ponerse al nivel de la oposición y abandonar la peregrina idea de que el radicalismo de Estado funciona. Con que aflojes tantito puedes hasta pasar por demócrata, como ocurrió con la mota y los matrimonios igualitarios que, al final, están más atorados en el Congreso, donde dejaron la 3de3 bien pasteurizada y homogeneizada.

Que los intransigentes sean los otros.

jairo.calixto@milenio.com

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