Política cero

'Porkys' de hoy, tururú, tururú

Hay gente muy dañada de sus facultades empáticas, entre las cuales por supuesto no me encuentro, que tienen la extraña sospecha de que el Tío Fidel Herrera les endosó a los veracruzanos y al mundo al distinguido señorito Duarte para que, más temprano que tarde, lo extrañaran e, incluso, como ya ha comenzado a ocurrir entre quienes de veras no aguantan nada, claman por su regreso sin gloria.

Temo decirles, gente que nunca se conforma y que se la pasa haciendo de tos, que solo Veracruz es bello y lo es más aún gracias a la sabia administración de Duarte, bajo cuya vigilancia solo se roban bubulubus y pingüinos. Tan así que mientras en Guerrero el góber del que nadie se acuerda de su nombre porque tiene la consistencia emocional de un maniquí de el niño elegante le exige a los medios que hablen bien de Kafkapulco (o sea que obren el milagro de la transformación de las matazones en la costera en plenas vacaciones en alegres reuniones de spring brakers pasaditos de lanzas), en Veracruz los periodistas desaparecen seguramente por su propia voluntad en busca de territorios menos pacíficos donde encuentren verdadera acción.

Cualquier otro, con la mitad de las cosas diabólicas que hay en esa geografía ignota, ya hubiera emprendido la graciosa huida, pero Duarte se quedó a ayudar a la gente bonita y de bien para que la justicia y los derechos humanos no los anden correteando como es el caso de Los Porkys, que andan en España y en Estados Unidos en un viaje introspectivo para asegurarse de que su próxima violación tenga el ISO 9000 para que no les tomen videos donde se inculpen, aunque la justicia jarocha no los considere dignos de ser tomados en cuenta.

A mí lo que me extraña es que estos muchachos buenos, santos y puros, producto de una educación fortalecida con minerales y proteínas, no hayan sido mandados a un paraíso fiscal o a un refugio tributario a ver si se topaban con el #LordFerrari para cotorrear en su poderoso bólido italiano, ahora que anda huyendo del SAT.

Digo, un #PanamaPapers y una casa blanca no se le niegan a nadie. Lo raro es que estos empresarios, políticos, artistas, deportistas y demás fauna, vayan tan lejos a Suiza o las Islas Caimán a hacer algo que al ser de buena fe, como todo negocio offshore, podrían haber hecho en México.

En el futuro, un encantador grupo de veracruzanos, de esos que hacen su nido con las golfas de un bar, buscará la manera de rendirle un muy sentido homenaje a Javiercito Duarte con una estatua ahí en Tierra Blanca o en Boca del Río, sonriente, en todo su esplendor.

Los Porkys son un gran ejemplo para la muy descarriada juventud mexicana. Ya nada más falta que les manden el cuerpazo de policía que han reclutado en Querétaro y que parece casting de teibol.

jairo.calixto@milenio.com
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