Política cero

"Keep calm and" Sapito

Después de la sobredosis de Denisse de Kalafe, espero que nuestros compatriotas hayan sobrevivido al 10 de mayo no se olvida. No es cosa menor ese ejercicio edípico que nos pone a todos al nivel de Pedro Infante y Sara García. Lo bueno fue que Pemex anunció, sin temor a equivocarse, que sus gasolinas no eran chafas como se alega, pues todos sabemos que aunque los litros sean de ochocientos mililitros, son de la mayor calidad.

Como todos los mexicanos, confío en Pemex. Por eso me parece extraño que se diga que la gasolina con la que se nutren los automóviles de la patria sea de octava categoría y me niego a creer que ese combustible sea menos limpio que los baños del estadio Azteca. Por alguna extraña razón relacionada con la envidia que generan los magníficos logros de la Reforma energética, se le quiere achacar a tan preciado y prístino líquido, la problemática capitalina en materia de contingencias ambientales. Mala onda que se quiera desprestigiar a tan distinguida institución cuando ha dado pruebas inequívocas de su portento. Se le queman las refinerías, le explotan las instalaciones, se tarda años y felices días para reaccionar ante la ordeña pertinaz del crimen organizado y ha estado al borde de la quiebra, pero de que es eficiente no cabe la menor duda. Y los líderes sindicales lo confirman.

Y los que no creen en ello, que denuncien, no como el PRI, que luego de acusar a sus propios candidatos de estar relacionados con el crimen organizado, no ha presentado sus quejas en la Fepade.

Como quiera que sea, es mucho mejor lo que propone el señor Martín Gutiérrez Lacayo, coordinador ejecutivo de la Comisión Ambiental de la Megalópolis, en el sentido de mantener la verdad histórica sobre la culpabilidad de los automóviles en lo que a producción de contaminantes se refiere. Todo para que en muy poco tiempo solo puedan tener derecho a engomados cero y doble cero los vehículos de 2006 a la fecha. No solo porque tienen la tecnología necesaria, sino porque así se afea menos el look de esta ciudad de vanguardia. O sea, quién va a tomar en serio el vibrante espíritu de la Mancerópolis, si en la calle todavía se ven carcachas circulando.

Ya algún día se revisarán los protocolos ambientales de fábricas e industrias que, sin duda, apenas contaminan con sus chimeneas a todo lo que dan. Por eso El Chapo mejor se fue a Ciudad Juárez, donde lo que genera más smog son las canciones de Juanga.

Y si el dotor Mancera afirma con los pelos de la burra en la mano que a la gasolina de Pemex le falta un grado para ser champagne, debe ser cierto. Y no es porque tema contrariar al gobierno federal del que nunca ha diferido ni cuando le han jugado más chueco.

Ante la adversidad, como dice Belinda: keep kalm and Sapito.

jairo.calixto@milenio.com

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