Política cero

¡Justicia para Lagrimita!

Explica el canciller Meade que el diferendo con la ONU ha llegado a su fin (y bueno, había durado más que el final de Mi corazón es tuyo), que muchos países no están de acuerdo con las relatorías de la organización sobre derechos humanos (supongo que naciones civilizadas como Siria o Afganistán o Venezuela) y que de ninguna manera se aplican la tortura de manera generalizada ni mucho menos. Claro que si no fuera por los 15 millones de spots de los partidos políticos que caerán sobre nosotros esta temporada electoral como una plaga bíblica, le daría la razón.

Eso y la negativa del INE a darle el registro a la candidatura de Lagrimita, que también parece una forma de tortura. O sea, ¿quién va a alegrar campañas y votaciones con el clásico “¡Qué barato, qué barato!”, si el único payaso verdaderamente profesional de estas elecciones no es incluido en las boletas. Tendremos que conformarnos con un puñado de improvisados que nos va a matar de aburrimiento. Porque si creen que Carmelita Salinas y Catémoc Blanco pueden solos con la responsabilidad de entretenernos a los votantes, están muy equivocados. Si de por sí los mexicanos no están muy animados a ir a las urnas ante lo flaco de la caballada, con la falta de candidatos que generen alguna emoción que no estropee el bienestar del colon se ve que aquello va a estar al alto vacío.

De veras, hasta lo de Lagrimita parece compló del bueno, no de los que proclama el club de admiradores de Catémoc Gutiérrez.

¿Pues qué hizo el simpático clown, acaso decir como Sabrina Sabrok, esa insigne ex priista, que los mexicanos “son una raza de mierda”? O tal vez en un arrebato prometió que las reformas estructurales resolverían hasta la caída del Tatoonie a manos de los vándalos de ISIS? O quizá, ¿se le puede achacar que por su culpa el señor Vergara puede terminar brindando otra vez con extraños?

Ya en el colmo, sus enemigos, con tal de desprestigiarlo, dirán que debido a sus malos chistes creció en 1000 por ciento el secuestro de migrantes extrajeros en territorio nacional. Pero sin tortura, porque de eso no hay acá.

Igual, sin querer queriendo, confundieron a Lagrimita con El Mataperros.

 

jairo.calixto@milenio.com

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