Política cero

"Je suis Charlie", los ayatolás están bien locos

Más locos que la declaración del por todos conocido como El Ángel de la Dependencia, José Ángel Gurría, que en su calidad de presidente de la OCDE afirma con aplomo de capitalista salvaje de verdad que ni la inseguridad ni la violencia en México ahuyentan a los inversionistas. Más demencial que la cosecha de munícipes trácalas que nunca se acaba y que al unísono entonan con su amparo en la mano, cantan aquello de “Déjenme si estoy robando”. Más alucinante que a estas alturas del partido todavía la PGR no pueda probar que los Abarca son en efecto de la parca. Más extraño que apenas al PRD se le ocurra sacar un spot donde ataque y critique al PRI, ¿pues no que eran amiguis de coraza?

Y es que ya no se sabe dónde hay más desbandada, si con los Chuchos en éxtasis o en el gobierno federal por la cantidad de funcionarios que están abandonando para agarrar hueso.

Pues más loco que todo eso fue el atentado al hoy ya mítico Charlie Hebdo. No solo por la demostración de terror que los terroristas mostraron tener ante los armamentos del humor y la caricatura, sino por la serie de oscuras coincidencias que esto lleva consigo: en la más reciente edición del tabloide provocador (sus polémicas contra el profeta y su feligresía son célebres, además de sus diatribas con acidez incluida sobre cualquier figura moral o política, incluido el propio presidente Hollande, que a pesar de ser ridiculizado con el pirrín de fuera luego de sus escándalos, es el primero en convocar la manifestación del domingo en París en solidaridad con Charlie Hebdo), aparece Michel Houellebecq. Ahí, este renombrado escritor y agrio polemista antiislámico es pasado por las armas de la burla más cáustica por su más reciente novela, Submision, donde vaticina una Francia prácticamente adicta al Corán. Si los yihadistas hubieran sabio leer la caricatura, habrían reído en vez de matar.

Quizá para entender a los ayatolás y sus dogmas haya que acudir a Milan Kundera en El arte de la novela: “Al ofrecernos la bella ilusión de la grandeza humana, lo trágico nos aporta un consuelo. Lo cómico es más cruel: nos revela brutalmente la insignificancia de todo (...) La ironía irrita. No porque se burle o ataque, sino porque nos priva de certezas revelando al mundo como ambigüedad”.

La duda que genera el humor, es el peor enemigo del dogma.

Charlie, los ayatolás están bien locos.


jairo.calixto@milenio.com

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