Política cero

Historia personal del "bullying"

En los viejos tiempos no había bullying, simplemente imperaba la ley del más gorila y esa prevalecía. Y nada de derechos de la niñez ni redes de apoyo ni que te quejaras con la maestra, porque te iba peor. Recuerdo plácidas horas de recreo atormentado por los gandallas de la escuela que, muy probablemente gracias a mis ruegos celestiales, terminaron años después en el tambo por su naturaleza salvaje y ojeta. Cuando se incorporó el término bullying a nuestra cultura, en principio parecía un tema ñoño de esos que provienen de lo políticamente correcto que han convertido al idioma en el imperio de lo maniqueo.

Bullying parecía algo que solo se le podía aplicar a los magistrados del Tribunal Electoral que, al sentirse incomprendidos, renunciaron a su haber de retiro cuando en un acto de dignidad con guante blanco, mejor lo hubieran donado a quienes por tener menos chambas, no tienen ni para el paisaje como diría Efraín Huerta.

Bullying parecía solo servir para detallar la manera en que los Templarios se siguen metiendo nomas un dineral por concepto de extorsiones nomás en Lázaro Cárdenas, mientras el gobierno federal celebra junto con los autodefensas su patriótica domesticación con una foto que parece la nueva versión del abrazo de Acatempan: El pan pan, El Americano, Hipólito Mora y el comisionado Castillo. Ya como autodefensas solo nos quedarán los seleccionados que, hartos del autoritarismo moralino de El Piojo Herrera buleador que no los va a dejar tener sexo en el Mundial, se harán justicia por su propia mano.

Bullying, creíamos, era el que sufrió el pobre secretario de Energía Pedro Joaquín Coldwell solo porque tiene negocios con Pemex al mismo tiempo que funge. Chale, ni aguantan nada. Pero como está el nivel de intolerancia, me lo van a bulear más gacho por andar diciendo que la gasolina si bajará de precio… pero hasta 2020.

Como sea, con la muerte de un chico en Tamaulipas y la proliferación de la hiperviolencia en las escuelas sabemos con certeza que el bullying es el huevo de la serpiente. Ahí se calcina cualquier aspiración civilizada como en Santiago Ameyalco, gracias a los abusos de piperos y funcionarios.

Un huevo que incuban en los hogares, ayudados por maestros y autoridades con su abulia, gobiernos valemadristas, y la sociedad que siempre mira hacia otro lado para que nos michoacanicemos los unos a los otros.

Y estos nuevos bárbaros del bullying que, como decía Cavafis, tendrán un plan muy tailandés.


jairo.calixto@milenio.com

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