Política cero

Un Hard Rock de la política

Debe haber mucha maldad en el mundo como para que alguien quiera desprestigiar y descalificar, no necesariamente en ese orden, a los grandes personajes de la historia reciente del México de mis narcorrecuerdos. Lo bueno es que los héroes que nos siguen dando patria siempre tienen una respuesta para acabar con los aviesos ataques de los mal intencionados. Ya se sabe, ellos nunca tienen la culpa de nada como dictan los cánones, todo es atribuible a la otredad, a esa masa informe que se declara mundo.

Digo, ni que don Pepe fuera como ese ex subdirector de Pronósticos Deportivos, que arreglaba los sorteos para quedarse con una lana o estuviera en la cartera de evasores fiscales para clientes VIP de HSBC en Suiza, donde, seguramente, tampoco está inscrito ninguno de los alias de Raulito Salinas.

Afortunadamente la cruzada contra la corrupción va a tambor batiente con el apoyo de don Virgilio en la sacrosanta Secretaría de la Función Pública que, sin duda, encabezará triunfos contundentes e inobjetables contra este mal endémico. Aunque Ricardo Anaya del PAN diga que tardaremos una generación en acabar contra la corrupción.

Aunque yo creo fervientemente que lo que se necesita no es acabar necesarimente con la corrupción, sino cobrar impuestos por ella. Así, sí gana la gente.

Como quiera que sea, es comprensible que don Pepe Murat, ex góber precioso de Oaxaca, esté respondiendo con puntualidad a las acusaciones que se ciernen sobre su insólita persona. Debe ser terrible tener que andar explicando orígenes y destinos de las propiedades que con grandes esfuerzos se han venido forjando para darle rumbo y certidumbre al patrimonio familiar.

Más aun cuando te achacan la propiedad de un avión todo chafa que nada más dicen que vale un millón de dólares, ni que fuera el de Luismi, que se descompone a cada rato. O sea, aunque ya nos dijo Murat que el avión en todo caso era prestado (hay que ser una persona muy especial, plagada de virtudes como para conseguir esta clase de amigos con espíritu de facilitadores sociales que sean así de generosos), pero estoy seguro que si en verdad fuera suyo de él, ese artefacto valdría por lo menos el triple. Sería como un Hard Rock de la política con alas, plagado de memorabilia y souvenirs. Imaginemos todos los momentos históricos que se pudieron haber vivido en aquel avión: conciliábulos, concertacesiones, arreglos en lo oscuritos, panchos por México. ¡Qué maravilla!

Como diría el chaparrito Tatú en la vieja serie La isla de la fantasía: “¡El avión, el avión!”

jairo.calixto@milenio.com

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