Política cero

Hablando de 'templarios' y canciones

No puede ser que en pleno Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres un grupo de mexicanos exija que a la Cocoa Calderón se le retire el fuero por haberlos acusado de ser caballeros templarios. En vez de esperarse al Día de los Inocentes, la Asociación Michoacanos, Paz y Dignidad, ya la querían linchar, en vez de mandarla a Las Vegas como la alcaldesa de León. Sí, esa apátrida que fue a ver a Michael Bublé y no a Luis Miguel.

Digo, tampoco es como para que se pongan así, ya deberían estar acostumbrados a los arrebatos de esta distinguida panista a la que le suele dar por soltar acusaciones como su hermano soltaba retenes, acusaciones y soldados por todo el país.

Por favor, qué dañó les hace que la Cocoa sueñe con reinar en Michoacán cual princesa purépecha. Están como aquellos que, a través del Tribunal de la Haya, quieren entambar a Felipe Calderón por los miles de muertos en su sexenio como si él personalmente los hubiera metido en una narcofosa. Bueno, sus políticas en algo contribuyeron, pero nada más. O sea, lo acusan de genocida cuando habría más oportunidad de lincharlo si se le juzga por su papel de sirena feliz de la crónica deportiva o por andar foxiando de a gacho: durante lo que él le llama lucha por la seguridad y contra los mandamases de las drogas (a los que luego exhibía en sus shows como de la señorita Laura) señalaba a las drogas como el diablo encuerado, y ahora declara que no es enemigo de la legalización de la mariguana. A lo mejor en el campus de Harvard le compartieron algo de la yerbosa.

A Felipe Calderón le tendrían que armar un homenaje, pues gracias a sus actos de gobierno, aún en las naciones más ultraconservadoras se evalúan otras formas de combatir la criminalidad con otras herramientas que no sean únicamente las de madrazo puro.

Estos que acusan a Jelipillo se pusieron peor que las ardillas que todavía lloran por el premio a Elena Poniatowska.

Están como Miguel Ángel Mancera que a cualquier mareo le llama temblor, de la misma manera que a cualquier picnic en el Viaducto le llama plantón y lo manda desalojar. Ojalá y así hubiera desalojado a Los Chuchos que ya convirtieron al chuchismo a los bejaranistas.

Por eso ante el movimiento, Ebrard se ahorró su #Tenemossismo.

Ya lo único que debe alivianar a la Cocoa —que ya no quiere hablar de templarios y canciones— es que Carstens recibirá en Banxico un aguinaldo como si fuera el Piojo Herrera, dicen las malas lenguas.

jairo.calixto@milenio.com

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