Política cero

¡En la "Gravity" con Fox!

El triunfo de Cuarón en los premios Bafta no basta. Aunque va a ser una alegría ver la manera en que el nacionalismo charro se apropie patrióticamente del logro (aunque el distinguido director, en el mejor estilo Carlitos Vela, haya dicho que la película no es mexicana, como si los gritos de Sandra Bullock no hayan sido sacados de El amor tiene cara de mujer y el chiste chafa de Clooney redivivo no sean de La hora pico), pues difícilmente habrían acabado con las agruras existenciales que se viven en México.

Digo, de qué sirve que Cuarón sea galardonado cuando Salinas de Gortari regresa a las listas de los villanos favoritos de la nación.

Ahora me lo acusan de controlar a Peña Nieto y ordenarle al PRIcámbricotemprano que haga de Pemex una venta de garage, como si ellos no pudieran solos. Nomás falta que lo acusen de haber sugerido el color naranja para el uniforme del Tri.

Como sea, cuando aparece Fox y fuerza del centro, los premios a Gravity qué. Y es que nada como el dulce bálsamo de la labia foxista para alivianar las densidades de la vida. Si no fuera por sus comentarios llenos de estrambótico y candor, no podríamos resistir cierta clase de experiencias deprimentes: la pseudoizquierda perredista que en mayoría pretende aplacar la intentona legalizadora de la mota con una actitud que envidiaría García Luna Productions; o la intención de Fausto Vallejo, el Gollum de Morelia, de hacerles pasar el ridículo a quienes desde sus columnas ya cantaban su renuncia, y quedarse en el gobierno en calidad de adorno; o las batallas por el “most carrier, most offer” que parecen una mala pelea entre el Canelo y Kahwagi.

Así, cuando desde su gira del reencuentro con el viejo gabinete, el ex presichente Fox aseguró que las ideologías son cosa del siglo XX, que hay que estar con quienes beneficiarán a la gente y que por eso apoya a Peña Nieto, simplemente borró del mapa todas las mala vibras. Incluyendo las que emanaron de la reunión del recuerdo que tuvo Calderón con su tropa loca de nostálgicos del anticlímax. Luego de las peroratas de Jelipillo —donde incluyó la idea de empujar a Margarita como candidata panista presidencial, ella que hace ver a su cuñada Cocoa cual estadista—, al que aún le queda grande el uniforme militar, es un regocijo que el gran Vicente haya salido con sus gracejadas y las sonrisas mustias de Martita. Por eso cuando escuché al Piojo decir: “No estoy guapo, pero estoy de moda”, supe que era la frase perfecta para Fox.

jairo.calixto@milenio.com

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