Política cero

Como Godzilla sobre Tokio

Pues el señor de los catarritos financieros ataca de nuevo. Cuando todo parecía indicar que el gobierno federal tenía controlada la situación, agentes extranjeros y fenómenos alienígenas desafiaron las buenas intenciones de la presente administración —como bien lo explicaron dos grandes economistas que le chingan de lo lindo, La Lega y el Araiza—, sobre todo ahora que el dólar casi rebasó la barrera sicotrópica de los 19 pesos —fuck the dollar, como dice Marc Anthony de Donald Trump—, obligaron al Doctor House Carstens a soltar el diagnóstico doloroso y absolutamente inesperado: hay que recortarle al gasto gubernamental con más fe que las desarrolladoras amparadas por Fonatur (con el ecologista apoyo foxista-calderonista, dicen) cortaron los manglares de Tajamar o, de lo contrario —sonó como a llamada de extorsión—, el Banco de México, que atinadamente preside, elevaría las tasas de interés.

Y como es justo y necesario, espero que esos recortes no ataquen ningún tipo de gasto superfluo ni programas inútiles ni espacios donde cunda el despilfarro, el espíritu de las moreiriñas ni nada de esas cosas que le dan fundamento a lo que viene siendo la administración pública. Sería un total despropósito poner en peligro este caro ecosistema, así que ojalá el secretario Videgaray aplique los recortes a la masa trabajadora, a las necesidades fundamentales de las instituciones y a la cultura, el arte, los temas sociales y de carácter productivo, como ha ocurrido desde tiempos inmemoriales.

Y es que la gente está tan mal con esa onda mafufa de la austeridad republicana, que incluso no quieren que los altos mandos del PRD anden en helicópteros ejecutivos para que la izquierda siembre jardines donde había basureros.

Habrá quien diga que todo esto es en realidad el típico sketch con stand up comedy incluido entre la Secretaría de Hacienda y el Banco de México para sacar las tijeras y no dejar títeres sin cabeza en el escalafón. Están muy equivocados, tanto como aquellos que se asustan porque en los cambios de gabinetillo está la llegada de José Antonio González a Pemex en sustitución de Lozoya, que no pudo con la venta de garaje petrolera, para que deje aquello tan rasurado como quedó el IMSS a su paso.

Bueno, también llegó el ex rector José Narro a la Secretaría de Salud, supongo que a combatir el zika con los moscos importados de China (inoculados con la revolución cultural de Mao), mientras lo tachan de oportunista. O sea. 

Recordemos: los recortes que se avecinan como Godzilla sobre Tokio son dolorosos pero necesarios. Es como cuando levantan a un periodista en Veracruz, ni modo que no lo criminalicen.

 

jairo.calixto@milenio.com

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