Política cero

Fox, el padrastro del año

Como en México tenemos la tendencia a hacer de todo una telenovela, quizá sea el momento de que el áspero debate de la trata entre a territorios menos adjetivados y más civilizados. Y es que hoy vemos un acre intercambio de mentadas solo comparables con la de los candidatos panistas, entre quienes ven trata en todo trato sexual y quienes creen que no todo se trata de trata aunque haya trato de por medio. Ahí tenemos una batalla de diputados vs. periodistas que se parece mucho a la lucha por los parquímetros en Coyoacán, curiosamente todo englobado en sectores reconocidos como de izquierda. Los primeros afirman que hay derecho al sexo consensuado por las vías del acuerdo monetario sin que, necesariamente, se trate de trata; los segundos prácticamente hacen tabla rasa con el table dance y afirman que todo trato es trata y que quienes acuden a estos sitios non sanctos son malos mexicanos.

Y como de ahí no los vamos a sacar (sería como si la secretaria Rosario Robles aceptara que, dejándose llevar por el entusiasmo, le firmó pagarés por 200 millones a Carlitos Ahumada —quien reconoció haberse vendido bara, bara a Salinas y al subjefe Diego por 68 mdp para armar los videoescándalos— y resolver algunos adeudos del PRD), entonces quizá sea momento de pasar a la solución más largamente aplazada por el golpe de pecho: que la prostitución y el teibolerismo sean elevados a categoría de trabajo profesional, con derechos y obligaciones de ley.

Cuando patrones-padrotes, antros y empleados tengan que pasar por el filtro de la Secretaría del Trabajo, el IMSS, la Profeco y el SAT, la vida será otra.

A menos que quieran esperar a que Murillo Karam se indigne más por las marchas de las teiboleras que por las de pro-Chapo.

Como sea, que en estos negocios del table y el tacón dorado, el que cumpla con la normatividad que tenga su ISO9000 del erotismo blanco, y quienes no que sean perseguidos como si fueran socios de Oceanografia. Aunque mejor no, como se ven los niveles de influencia de Fox lo más seguro es que los hijastros intocables la libren como Yarrington y Moreira.

Igual es envidia porque somos como Carlos Vela, según el culto de Catémoc Blanco: pendejos. Ya quisiéramos que un padrastro, o hasta un padrote, nos defendiera de manera tan encendida.

De hecho, ya la gente no quiere tener hijos ni con El Chapo ni con Cuarón, desean con fervor que Fox los adopte, aunque los de la vela perpetua supongan que se trata de trata.

jairo.calixto@milenio.com

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