Política cero

¡Feliz día de la expropiación petrolera!

Había pocas cosas tan aburridas y predecibles como las celebraciones patrioteras del 18 de marzo, Día de la Expropiación Petrolera. Hechas con el mismo machote, las ceremonias eran densas, melodramáticas y uniformes. Loa a los héroes, reivindicación del bien común, Tata Lázaro y el futuro que se abraza con tan magnífico bien, fuente de progreso y desarrollo.

Hoy, ante las transformaciones que se han realizado en México gracias a las iniciativas y reformas de Peña Nieto, las cosas hoy son diferentes. La apertura a la participación de la iniciativa privada, nacional y extranjera, en materia energética, ya sin tabúes ni jaladas, cambian la perspectiva. Todo ese discurso tristemente chauvinista y ultra nacionalista ha llegado a su fin, hoy se puede hablar del oro negro no como de un bien mexicano, sino como de un gran oasis donde pueden abrevar todos los inversionistas-humanistas que sin duda vendrán no a ver qué saquean como afirman los resentidos sociales, sino a ver qué aportan para engrandecer a esta nación que siente y que ama.

Hoy en las escuelas no morirán de tedio como antes; primero porque seguramente tendrán pesadillas porque el sobrino de Kike Plancarte se dedicaba entre otras maravillas al tráfico de órganos de niños. A esos templarios lo único que les falta es haber secuestrado el avión de Malaysia Airlines para incentivar el canibalismo. O que hayan sido de esos compradores de pánico a los que Ucrania les vendiera todo el armamento de les había provisto el Ejército rojo en una venta de garaje y que hoy la deja inerme frente a Putin.

Y segundo —regresando a las maravillas de la nueva expropiación petrolera— porque en las escuelas pudieron disfrazarse de la EXXON, Shell y British Petroleum para establecer nuevos paradigmas en materia de independencia y nacionalización. Ya la figura del General fue la fundamental, pues se agregaron grandes y admirables mexicanos comprometidos como David Penchyna, don Beltrone, Ernesto Cordero y Javier Lozano, no se diga Los Chuchos perredistas. Puedo imaginar cómo se pelearon los pequeñuelos por encarnar la épica gesta de estos admirables legisladores.

Solo algunos retrógrados y nostálgicos deben estar de luto. La clase de gente que seguramente está molesta por lo de Mondragón, quesque porque no hubo transparencia. Cómo que no, si a leguas se veía que nomás lo querían para tenerlo en la congeladora, desactivarlo, y luego poner en su lugar a un consentidazo de Gobernación.

jairo.calixto@milenio.com

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