Política cero

Faltan 48 años para saber de los 43

En este país somos bien quién sabe cómo. Todo es melodrama ranchero y chantaje emocional. Por eso no podemos esperar con la paciencia debida los resultados oficiales de las investigaciones sobre el caso de los 43 de Ayotzinapa, y a dos años de distancia los acelerados quieren que todo sea como si las autoridades tuvieran a Sherlock Holmes de su lado. O sea, ¿cuál es la prisa? Si todavía no sabemos del paradero de
la osamenta de Muñoz Rocha ni cuál de los tres Aburto mató a Colosio, ni se sabe nada de los verdaderos culpables de la tragedia de la guardería ABC (quién sabe por qué me acordé de la parentela norteña de Margarita Zavala), ¿de qué privilegio gozarían los normalistas como para alterar los tiempos a la impunidad?

Además, ya dijo el licenciado Peña que no nos preocupemos, que el gobierno está comprometido a resolver el caso, con la debida ayuda de las reformas estructurales que tanto bien le han hecho a la patria, pero sobre todo al estado de Guerrero, donde todavía no acaban de instalar el Hoy No Circula de las matazones. Está padre que a dos años de distancia, aquellas tierras sigan administradas por el crimen organizado, la policía se mantenga infiltrada y, en general, sea una versión tropical de Siria. Y para demostrar que hay voluntad política y ganas de recuperar el rating perdido, además de ganarse al pueblo bueno que ya no cree en nadie, el PRIcámbrico temprano dio por inicio a la cacería de peces gordos, o ex gordos en el caso de Javidú Duarte que, como buen chozno de don Plutarco, aplaude la medida y en un tuit afirma que no será él un factor de encordio en tan admirable partido.

Lo malo es que al encargado de tan infausta y compleja misión (encontrar una oveja negra en el Revolucionario Institucional no es cosa menor), el otro hombre del traje gris que algunos quieren confundir con Clavillazo (perdón, el comediante tenía su gracia), Enrique Ochoa Reza está siendo atacado por los adictos a la austeridad republicana solo porque cobró de indemnización una millonada, como si de veras hubiera trabajado por diez mil trabajadores de la CFE.

Si le dieron millón y medio por irse, ¡imagínense si lo hubieran renunciado! Por merecimiento mínimo le dan la presa de Chicoasén.

Como sea, no hay que perder la compostura y ser como el cardenal Norbeto que, con toda mesura y tranquilidad, anunció que preferiría que un niño huérfano cayera en manos de algún émulo del padrote Maciel, antes que ser adoptado por un matrimonio gay bien asentado.

Si la paz entre el gobierno de Colombia y las FARC tomó 50 años, ya nada más faltan 48 para que sepamos qué pasó con los 43.

jairo.calixto@milenio.com

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