Política cero

Ettore Scola y jalarle las patas al diablo

Más deprimido que El Chapo en Puente Grande leyendo el Quijote (si de veras fuera fan de La reina del sur tendría que leer El Conde de Montecristo para planear su próxima fuga) y sorprendido por La tremenda Corte que anunciara que los jueces no están exentos de corrupción e impunidad, me entero que Ettore Scola ha muerto y tristemente no vive en el corazón de los mexicanos. Sobre todo porque si el maestro viviera, con nosotros estuviera. Nos hace falta su filmografía para acabar de entender a este mundo guarro donde Moreira está recluido en una cárcel donde, según su abogado (que afirma con el corazón en la mano que su cliente es más bueno que el spot cursi de los candidatos independientes), comparte recinto con los más peligrosos maleantes que, por estar mal informados, se están cuidando la cartera. Sobre todo ahora que las cosas están más confusas que las palabras del góber Duarte que, sin temor a equivocarse, afirma que en Veracruz todo está bien, menos el secuestro de un grupo de jóvenes por parte de mandos policiales que no pasaron los exámenes de confianza y que ni siquiera estudiaron para el examen de sangre.

Uno de los filmes de Scola es clave para a entender México y su relación masocas con los políticos que viven en la plenitud del pinchi poder: Entre el amor y la muerte (1981), donde un gallardo militar llamado Giorgio Bacchetti sucumbe ante la serie de laberínticas estratagemas y complejas seducciones que le impone una tal doña Fosca, de fealdad legendaria, auténtico costal de mañas, cuyo interior es todavía más horrible que su rostro. Él, atrapado entre las sórdidas redes poéticas de la dama en cuestión, lo pierde todo: su hermosa amante, el porte principesco y prácticamente toda su dignidad al ser conducido al infierno de las traiciones y la estupidez humana. Y cuando se da cuenta de todas las iniquidades que ha protagonizado con engaños a instancias de Fosca D'Ambici, es demasiado tarde: su falta de carácter, su incapacidad para el sospechosismo y su ingenuidad galopante lo llevaron al infierno junto a todos los que amaba.

Esta fábula se la cuenta Bacchetti a un oscuro personaje en una taberna decrépita que no puede creerlo. Y mientras baja del taburete, este hombre que es en realidad un enano siniestro, a carcajadas afirma: "¡¡¡Una mujer fea enamorada de un hombre guapo, es creíble; pero un hombre guapo enamorado de una mujer fea, eso es imposible!!!".

Esta película nos representa. El espectro de Fosca nos persigue. A lo mejor lo que nos falta es jalarle las patas al diablo como Lucía Méndez "...para ver a través de la ventana de la verdad".


jairo.calixto@milenio.com
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