Política cero

Elogio del nanosalario mínimo

No, bueno, cualquiera diría que en el muy remoto caso de que se llegará a aumentar el nanosalario mínimo, y a juzgar por los lamentos peripatéticos y chillones de la CTM, el PRI, Videgaray, Carstens y la IP, no solo nos caería el ébola, sino también los misiles de Hamás y Netanyahu, los Templarios sacarían su película Ya sé lo que hiciste con La Tuta el verano pasado, y quizá hasta se le cumpla a la ultraconservadora columnista de la cadena Fox Ann Coutler que el gobierno de Estados Unidos haga lo que Israel hace en Gaza para defender su territorio de los narcos, pero sobre todo de los niños migrantes no acompañados.

Es como si el improbable nuevo salario mínimo fuera un chupacabras transformer: nadie lo conoce, nadie lo ha visto a ciencia cierta pero todos, desde el esoterismo económico, le tienen más pavor que una auditoría brava al sindicato de Pemex.

Es curioso que con más fanatismo sexenal han exaltado la supuesta naturaleza ambiciosa, creativa, valiente y atrevida de las reformas peñistas, ante la posibilidad de un aumento al salario mínimo se echen más pa’ atrás que El Piojo ante Holanda.

Me extraña, ellos tan visionarios y atrevidos como para abrir a la competencia a Pemex frente a una industria que, según el gobernador de California nos va a comer crudos —por el crudo—, cuando ni siquiera se puede impedir que los cárteles succionen los hidrocarburos directo de los ductos. De hecho parece que es un negocio más redituable que el tráfico de drogas, menos peligroso y con mayor índice de impunidad.

O sea, si al proletariado sin cabeza se le exige cada 10 minutos un nuevo sacrificio en nombre de la patria (del Ipabe, al rescate bancario y carretero a los pasivos de Pemex —que los defensores del sistema alegan que de todos modos los íbamos a pagar, como ese acto no fuera más leonino que un préstamo con la agiotista de Pepe El Toro—, ¿y la clase política, ni los líderes sindicales, ni los diputeibols ni los empresarios pueden amarrarse tantito el cinturón? Digo, aunque sea para que nomás por pudor y pundonor México no tenga los peores salarios de la OCDE, y trabajadores solo le ganen en prestaciones a Nicaragua y El Salvador.

O sea, ya gringos y costarricenses nos quitaron el título de gigante de la Concacaf, ¿también nos va a ganar en esto? Chale. A menos que lo que se pretenda es imponer un récord del país con los salarios más deprimidos y deprimentes de clase mundial ¡Claro!

 

jairo.calixto@milenio.com

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