Política cero

Elogio de Donald Trump

Lo pueden acusar de xenófobo, de transa, de hijito de la chingada, de nazi y hasta de ignorante, como dice Fox mientras se mordía la lengua. Eso lo pueden multiplicar al infinito y con toda probabilidad tengan la boca retacada de razón y al ritmo de la hórrida canción de Emilio Estefan.

Pero hay algo en lo que Donald Trump supera a cualquier político del mundo y a cualquier empresario del orbe: es el único que es capaz de burlarse de sí mismo; el único que no se toma realmente en serio y que es capaz de exponer su sentido del humor.

Mientras políticos y empresarios, dos gremios en los que se pasea impunemente, se cuidan hasta la ignominia de sus vergüenzas, el nada talentoso Mr. Trump se mea en la solemnidad agitando su chuchuluco güero y haciendo caras que superan a las Chucky, el millonario diabólico.

Todo eso se ha mostrado a lo largo de su campaña, donde lo único que le ha faltado es alburearse a Carmelita Salinas; algo que se confirmó con la aparición de Donald pero no Duck en el legendario programa de comedia Saturday Night Live, donde terminó por chapalear sobre su condición ultraconservadora, su decadente estilo de vida y, no podía fallar, su peluquín que al parecer es su más preciado activo ideológico.

A pesar de las críticas y las impugnaciones de la comunidad latina que trataron de impedir la aparición de Trump en el programa, éste se presentó en vivo y a todo color, pues el productor Lorne Michaels sabía que aquello sería un éxito por la capacidad del doño y showman para inmolarse.

Gran momento en que el honorable comediante Larry David, cocreador de la enorme serie Seinfeld, le fue a gritar “¡Racista!” porque le ofrecieron una lana y Trump le respondió con un “Como hombre de negocios, lo respeto”.

Cosas como esa, ningún político ni empresario gringo y mucho menos mexicano lo intentarían ni aunque les pagaran. Son tan aburridos y sin gracias que jamás lo intentarían de manera deliberada, aunque suelen hacerla desde las catacumbas de humor involuntario.

Están como para que Donald les aplicara su clásico de su emisión televisiva, El Aprendiz: “¡Están despedidos!”

Seguramente Donaldo no llegará a la Casa Blanca porque sería el Apocalipsis, pero ha dejado importantes lecciones que no se pueden soslayar: a diferencia de lo que afirma el Pato Lucas, el ridículo no es la maldición del genio.

El humor es exorcismo y redención, purificación y bálsamo, y el peluquín de Donald Trump lo sabe, lo sabe.

 

jairo.calixto@milenio.com

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