Política cero

El culpable soy yo

Todo indica que desde ahora no habrá reformas irreformables porque el más reacio a reformar lo que se suponía irreformable, como la reforma educativa, El Nuño Artillero, ya presentó un nuevo modelo educativo basado, quién lo diría, en tres ejes torales: los maestros (al parecer ya no se va a tratar solo de examinarlos y perseguirlos), las escuelas (en un arrebato de lucidez descubrieron súbitamente que los planteles sufren de históricos deterioros y de instalaciones imposibles) y ese extraño territorio de los contenidos que, por alguna extraña razón, confunden la educación y el conocimiento con una cosa que nadie alcanza a desentrañar más allá del eslogan que es “la excelencia”.

Y lo bueno es que para atender estas reestructuras se plantean mesas, debates y consultas que, dicen los que todo lo intuyen y todo lo dan, aterrizarían el viejo sueño guajiro de producir otros ladrillos en la pared.

Un proceso en el que afortunadamente ha entrado el SNTE, esa enorme institución que ha venido rindiéndole merecida al discurso oficial desde tiempos inmemoriales. Gran fortuna tienen los chiquitines de que personajes de la talla de Juan Díaz, ejemplo para todos los líderes sindicales de la patria y un maestro excepcional en materias de luchas laborales sin conflictos emocionales, con la autoridad que siempre tiene la razón.

El sindicalismo, ha quedado claro, debe ser corporativo o no será.

Por eso es molesto que el maestro Fernando del Paso, autor de verdaderas obras de arte, quien después del humilde ejecicio de autocrítica de don Enrique por el asunto de la casa blanca, afirmó lo siguiente, en un tonito francamente molesto: “Si una persona considera que debe disculparse, significa que se considera culpable”. O sea, no se vale.

Ya déjenlo en paz, si quieren lo digo, como decía José Luis Rodríguez, El Puma: “El culpable soy yo”.

Como quiera que sea, resulta extraño que la CNTE no apoye esta moción tan sólida y tampoco haya celebrado como se debe el cumpleaños del licenciado Peña, por lo menos al nivel de la señora Wallace que, tristemente, no fue superado por ninguna de las fiestas que dieron después. Salvo el gif de Presidencia en Twitter, que parece un homenaje a las caricaturas de la Warner, porque nada más le faltó el clásico “that’s all, folks”.

Algo con lo que debería de haber rematado el Inegi al establecer los nuevos criterios para que en las encuestas los pobres se convierten en lo que siempre fueron, un mito genial.

Lo bueno es que la educación no es prioridad ni nada de eso, así que ai’ cuando quieran.

jairo.calixto@milenio.com
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