Política cero

Dígale no a la demagogia sin populismo

Quizá el gran error de Vicente Fox al llegar a Los Pinos no fue precisamente llegar a Los Pinos sino encerrarse ahí con Martita y los head hunters y el Prozac; su máximo error fue poner la máxima distancia posible entre su partido y él. No se sabe si porque le daban ñáñaras los de Acción Nacional o simplemente quería acaparar el stand up comedy de su sexenio, pero al mantenerse alejado del PAN lo único que consiguió fue malbaratar una bonita tradición instaurada por el PRI donde el Preciso y el partido eran, dirían los filósofos de Timbiriche, uno mismo.

Afortunadamente después de los estropicios calderónicos, donde más que relación había un compromiso pasivo-regresivo con el partido, gracias al régimen que encabeza muy atinadamente el licenciado Peña, esto se ha terminado. En muy poco tiempo los antiguos ritos fueron reinaugurados como las grandes concentraciones de la CTM, la CROC y la CNC, así como la reinstauración de la figura presidencial en calidad de gran Tlatoani que tanto extrañábamos después de 12 años de triste orfandad.

Así, con la resucitación de los triunfos contundentes e inobjetables, las verdades históricas, el espíritu lopezportillesco, la enjundia salinista y el folclor vivo de Atlacomulco, como que hay rumbo y certidumbre; de hecho se espera pronto otra Renovación moral al ritmo del muy guapachoso Arriba y adelante del echeverrismo.

Por eso y muchas cosas más fue muy bonito ver cómo ataviado con su chamarra roja y hablándole a las fuerzas vivas del PRI en su calidad de líder, armaba todo un homenaje al partido político que mantiene a la patria ya no en vilo, sino en un estado de bienestar solo comparable con el de la selección mexicana de futbol, que también atinadamente dirige ese gran moralista llamado Miguel Piojo Herrera.

Fue interesante que justo en medio de rumores, chismes y medias verdades sobre el estado que guarda el país, el Presidente señalara con índice de fuego hacia el oscuro rincón donde se resguardan los mayores enemigos del bienestar, además de los sospechosistas, los disidentes y los rojillos: el populismo y la demagogia que dañan a las sociedades democráticas.

Lógico en el partido tricolor, que jamás ha recurrido a la demagogia ni al populismo para gobernar.

El único momento donde debieron de respingar los choznos de don Plutarco fue cuando Peña Nieto afirmó que en el PRI no hay lugar para proyectos personales.

O sea, qué pasó, mi licenciado, ¿ya nos llevamos tan pesado?, le han de haber dicho.

 

jairo.calixto@milenio.com

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