Política cero

¡Cuauhtémoc Blanco a la Tremenda corte!

Pueden acusarlo de casi todo, menos de querer usar la política como trampolín para hincharse de lana como otros que han vivido como pachás a costillas del erario. Ese es Catémoc Blanco, que ante la insidia responde como le respondía a quienes me lo querían bajonear con los tacos por delante: “No necesito dinero, gracias a Dios”, algo que contradice a la tradición de la mexicana alegría que tiene una súplica fundamental: “No me den, solo póngame donde hay”. Y es que el de la Cuautemiña, a diferencia de la clásica película de Pedro Infante, no necesita dinero.

O sea que como dijeran los prestidigitadores del Metro, el Cuau podría decir sin temor a equivocarse que “Yo no les vengo a robar”, algo que pone al símbolo del americanismo a años luz de la mayoría de la fauna política que anda tras una pluri para salir de pobres aduciendo que van a luchar por la justicia.

En esa lógica, creo que el señor Blanco era el candidato ideal para la Tremenda corte. Primero porque no tiene necesidad, y su lucha contra el arbitraje no lo hace un experto —tampoco es eminencia, aunque por lo visto ni falta hace—, pero tiene una valiosa experiencia frente a las figuras de autoridad.

O sea, si Catémoc tuviera que decidir en el futuro sobre la supuesta privatización del agua (un supón para que don Beltrone no diga que somos de lento aprendizaje), él por supuesto estaría a favor, siempre y cuando hubiera caguamas y teiboleras para todos. Así sí gana la gente. Y si el eterno número 10 tuviera en sus manos temas como la interrupción legal del embarazo, no se persignaría ni se rasgaría las vestiduras como otros, no dudaría en decidirlo en una justiciera tanda de penales.

Lo único malo de tan distinguido deportista, que no tiene joroba, sino que, como el Camellito, tiene el corazón muy grande, es que todavía no organiza ningún michoacanazo. Aunque es probable que si se decidiera le saldría mejor que a otros, y sin acusar a señoras de ser Rambo y secuestrar federales con una mano.

Tampoco coadyuvaría a la causa cuauhtemista que jamás recibiría el apoyo tan encendido e incondicional como el que Medina Mora tuvo con los senadores del PAN, que lo arroparon con sofismas cual si fuera un nuevo niño Fidencio.

Más aún: si hablamos del senador Gil Zuarth, siendo muy niño espetó desde su párvula boca que de grande quería ser como Jelipillo Calderón. Y hasta ha de querer su Estafa de luz.

Pero Catémoc tiene un plus, no es como Layín, que robó poquito.

jairo.calixto@milenio.com

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