Política cero

Consultas para el doctor House

El Dr. House, en su versión de hijo peregrino del Delta del Mississippi, vendrá a México. Yo digo que lo del concierto es pretexto. Él, dedicado a someter a sus pacientes a rigores de bullying, pero ya un poco ablandado por la jubilación televisiva, lo que quiere es venir a tomar una terapia de desaburguesamiento. Con las cosas que le deben haber platicado de esta patria (preponderancia cero, corrupción con capacidades diferentes, lógica Kommander), quizá intente una experiencia tipo Gringo viejo para recuperar su escepticismo-sospechosismo, el gusto por el livin la vida loca y la búsqueda de periplos extremos que de seguro ha venido perdiendo con su lujosa liquidación.

Así, lo primero que hará el buen galeno para normar criterio sería acudir a la auditoría del PRI-DF, ese castillo de la pureza, donde encontrarán cosas más retorcidas que en los calabozos de Tlaxcoaque en la época de El Negro Durazo y Sahagún Vaca. Allí deben de reptar toda índole de espectros del averno siniestros como en Hasta el viento tiene miedo en combinación con toda la filmografía de Jason y Freddy Kruegger.

Todo al ritmo de la mesa que más aplauda sampleado con el clásico de Topo Gigio, “A la camita”.

Y bueno, si el talentoso Mr. House así lo desea, el propio licenciado Catémoc Gutiérrez podría organizarle un tour por sus dominios, los tiraderos de basura de Iztapalapa, el paraíso de la pepena dónde ni Voldemort ni Sauron se atreverían a posar sus pezuñas. Y, para amarrar, una paseada por las sedes sindicales donde los héroes del proletariado sin cabeza hacen su nido. Allí, sin duda, el gran matasanos encontrará razones suficientes para decir: “Entre más conozco a los grandes líderes, más quiero a mi báculo”.

Eso con la debida escala técnica  en la Línea 12, pueblo mágico donde conviven las ciencias políticas, las ciencias duras, los complós, pero sobre todo las maravillas de la superstición.

De ahí directo a Michoacán y Tamaulipas, tierras del humanismo y la justicia en el México de mis narcorrecuerdos.

Ya de regreso viene lo mejor, agarrar el Periférico en la noche a la altura de Plaza Satélite solo para que lo encuentres cerrado y ser desviado sin mayores señalizaciones por territorios que ni La Tuta ni ningún buscaría para esconderse. Algo que el Dr. House sabría valorar casi tanto como esas enfermedades ponzoñosas a las que solía enfrentarse. Después de esto, el Dr. Gregory House dirá como el enorme Mickey Rooney: “¿Para qué retirarse? Mejor inspirar”.

jairo.calixto@milenio.com

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