Política cero

Soy "El Cepillo", no haré travesuras

Más incomprendido que el Catémoc Blanco al que la Femexfut —esa institución democrática por excelencia— deja meterse en política a menos que renuncie a ser jugador, solo El Cepillo, connotado sicario al servicio de los Guerreros Unidos.

Por alguna extraña razón, los padres de los 43 normalistas no creen la versión de este folclórico personaje que, sin duda, lo que busca es esclarecer los hechos, aunque no haya sido de manera del todo voluntaria. Claro que después de su detención, luego de que su graciosa huida no hubo fructificado del todo, ha sido bastante cooperativo.

Es decir que, a pesar de haber confesado que él y su equipo mataron a 15 estudiantes (otros ya venían asfixiados, según describió al MP), dando detalles que empatan con lógica irrebatible con las investigaciones impecables de la PGR, no es posible que haya quien dude de él, un alma proba, delicada y sensible, que ha basado su vida en el ejercicio de la verdad y nada más que la verdad, aunque ésta ya no sea lo que solía ser.

Quizá tenga que ser necesario recurrir al arbitrio de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos porque al señor licenciado don Cepillo se le resta credibilidad, solo debido a sus orígenes inciertos, incapacidad para la empatía, sin olvidar esos arrebatos de sociópata que lo han hecho legendario en Iguala, Cocula y sus alrededores. No se vale que por su macabro y perverso estilo de vida al servico de los Abarca de la Parca, el buen Cepillo sea condenado a chapalear en el chapoteadero de los estereotipos y los prejuicios de una sociedad acomplejada, cínica e incapaz de perdonar.

Además, ¿qué sentido tendría que el señor Cepillo —cuya maldad no es por naturaleza sino producto de un medio adverso, complejo y rudo— se pusiera a mentir solo por convivir o quedar bien con las autoridades? Ninguna, por supuesto. Ni modo que le hayan ofrecido inmunidad, una candidatura plurinominal o la dirección del Canal del Congreso ahora que está descabezado (ojalá que el que llegue profesionalice a los imitadores de Lagrimita) o de encargado de licitaciones donde nunca hay conflictos de interés.

Si a tu ventana llega El Cepillo, trátalo con cariño que es un linfoma.

 

jairo.calixto@milenio.com

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