Política cero

Calderón y la pelusa por aquí, pelusa por allá

Pobre Robin Williams, ya déjenlo descansar en paz. Primero nos dijeron que era víctima de la depresión, luego que se ahorcó, padeció el síndrome de Garrick, y, finalmente, nos dejan entrever que también tenía Parkinson. Nomás nos falta que suelten la especie de que estuvo en la orgifiesta panista, quiso invertir en hidrocarburos y que su sonrisa triste se forjó en El Pinocho de Mamá Rosa.

Eso, además de que tenía planes de hacer una película sobre un héroe del proletariado minero que, ante la incomprensión del gobierno intolerante, huyó a Canadá, donde, gracias a ser bien portado se ganó, además de la ficha roja de Interpol, la nacionalidad.

Ahora que lo pienso, solo una persona he visto sufrir más que a Williams: el ex presichente Calderón. Y es que no recuerdo a un ex presidente que se haya quejado tanto y tan lastimeramente por haber sido presidente como él. Con frases de “Es muy difícil ser presidente” y “Ahora duermo mejor que cuando estaba en Los Pinos”, don Felipe de Jesús parece querer generar cierta empatía luego de haber conducido como chofer de pesero los destinos de la patria.

Algo extraño cuando te podías arrancar el agobio mandando a García Luna a hacer un montaje, u organizando michoacanazos, planeando la Estafa de Luz o simplemente ningunenando a los niños de la guardería ABC.

Como sea, a su paso por México Calderón no solo vino a presentar su libro de autoayuda (El Jelipillo que compró su Ferrari), sino también a contarnos que vivir en Los Pinos es peor que trabajar de teibolera en una orgifiesta panista o de obrero con salario mínimo.

Y como si no estuviera suficientemente chipil, aún llega justo cuando el PAN parece sucursal del Calígula. Claro que no era para que se pusiera a despotricar y que aquello era decadente y putrefacto como si no fuera la ocasión de lo mismo que culpáis. Además, el PAN de ahora es más divertido y tiene mejor humor involuntario que Molinar Horcasitas. Para muestra, la explicación que hace el diputéibol Martín López Cisneros de la manoseadas a clásicas que protagonizó en aquel épico reventón: “Mi error fue acudir a una fiesta privada y querer quitarle una pelusa a una de las amigas del diputado Villarreal”. Robin debe estar cantando aquello de “Esa pelusa, que no me deja verte, debe caer en nombre del amor”.


jairo.calixto@milenio.com

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