Política cero

¡Bola de mugrosos!

Después de practicar la política del prudente silencio, el gobierno federal cambia radicalmente y comienza a responder directamente a quienes, con toda la mala leche del mundo, lo critican, cuestionan o pretenden poner en evidencia. Ya la canciller Ruíz Massieu dio banderazo de salida a las hostilidades al llamar al nada talentoso Mr. Donald Trump ignorante, canalla, racista y jijo de su repipín chamaco, seguramente envalentonada por los dichos de la pareja sensación, Fox & Jelipillo, que lo menos que le dijeron al multimillonario es que era el hijo de Hitler (para que le hubiera calado de a de veras, mejor le hubieran dicho "émulo del padrote Maciel", quién sabe por qué no lo hicieron).

Un trolleo al que se adhirió el Nobel Mario Vargas Llosa, quien luego de llamar "payaso" al aspirante republicano, explicó que si algo odia en la vida es salir en las revistas del corazón, aunque sea de un tiempo para acá habitual del ¡Hola!

Digo, al autor de La ciudad y los perros le falta un poco de maldad, porque tendría que haberle dicho al villano favorito del momento (desbancando incluso a Javiercito Duarte, quien afirma que va a dejar un Veracruz mejor que como lo encontró) el mismo epíteto que le aplicó la sabia y nada clasista diputada tricolor Carmelita Salinas a todos los que se atrevieron a criticar el vestido blanco con el que la primera dama se presentó a recibir al papa: "¡Mugroso!".

Así, este cambio a una política más agresiva llegó a una pequeña pero muy loable confrontación con una vieja amiga, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que otra vez acusa al gobierno mexicano de no poder bajar la violencia en el país. Afortunadamente, la respuesta de la Segob fue contundente e inobjetable: llamar infundada a tamaña y perversa acusación. Más ahora que Osorio Chong encabeza las encuestas para el 2018, aunque le secretario no debería de confiarse cuando dicho estudio también incluye al Chapitas Eruviel, cosa que le resta mucha credibilidad.

Gran contestación que algunos sospechosistas quisieron opacar con la aparición de descuartizados, ensabanados y asesinados por todo el Edomex, cuando seguramente estaban metidos en algo raro, como suele decirse veracruzanamente —pero sin criminalizarlo— en estos casos.

Igual que en el caso del Chapo Guzmán que, luego de unos días de insomnio, ya de plano pide que lo extraditen a Estados Unidos antes de que lo conviertan en zombi y se le olvide su principal objetivo en la vida: hacer una película autobiográfica donde es un amable agricultor.

Para taparle la boca a la CIDH, ahora que se van a abrir los archivos de la tragedia de San Fernando, Tamaulipas, seguramente se sabrá que aquello no fue una matanza sino un suicidio colectivo.

¡Bola de mugrosos!


jairo.calixto@milenio.com
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