Política cero

¡Bola de burros!

De la misma manera en que admiro a quienes de pronto descubren que el gobierno poblano ha sido un poquito contradictorio y galimático a la hora de explicar la muerte del niño José Luis (con tal de eximir a las balas de goma ya dijeron que fue un cohetón, luego que un infiltrado, ahora que fue la onda expansiva, pronto alegarán que fue un misil perdido de Hamás), también me deslumbran aquellos que en un de repente se reconcilian con su capacidad de asombro al descubrir que 60% de los aspirantes a plaza magisterial de la SEP reprobó el examen. Y peor se pondrían si supieran que la mayoría de quienes hoy desde sus oficinas, puestos, curules, columnas y demás arman un melodrama ranchero por estos resultados (nada más falta que a los reprobados los quemen con un video de La Tuta) que ponen en entredicho todo el sistema educativo (todo el sistema con reforma educativa incluida, no solo a quienes hoy son tachados de burros), seguramente tronarían cual ejotes si hoy mismo se les aplicara una prueba de este tipo.

Ya lo he escrito antes y la vida me ha permitido comprobarlo, desconfío más de quienes tienen maestría en Harvard que quienes reprueban algún examen.

Alguna vez, cuando a Rubén Blades le preguntaron de qué le servía un título en Harvard si ya era famoso, afirmó, que era como tener una 45 cargada: si estás discutiendo y no llega a ningún lado es momento para sacarla y ponerla sobre la mesa para que la razón esté de tu lado. Lo que no sabía el autor de “Pedro Navajas” es que esta idea idílica pasó al territorio de las reformas energéticas. Ahí donde se esgrimen grados académicos para defender, por ejemplo, la venta de garaje de Pemex, cuando no pueden asegurar ya no digamos que la empresa pueda competir con las multinacionales que ya se preparan para atragantarse de hidrocarburo nacional, sino cuando menos que las gasolineras vendan en efecto litros de a litro. De hecho, si te ponen en el tanque la cantidad exacta existe la leyenda urbana de que se te aparece Pedro Joaquín Coldwell balbuceando “¡Ay, mis litros!” Así, lo único que me sosiega es saber que nuestros burócratas se gastan 31 mil mdp en toda clase de primas  para empujar su laboriosidad Godínez, desde pants hasta bonos por fidelidad (no se sabe si al cónyuge o a la compu) y sin examen de por medio.

Y a todo esto qué les habrán preguntado a los maestros para que haya habido tanto reprobado, ¿de qué color es la piel de dios?

 

jairo.calixto@milenio.com

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