Política cero

Beltrones se los llevó al baile

Dicen los que quien sabe si sepan, pero están en la grilla total, que lo de Don Beltrone fue un albazo. Que fuera de tiempo y forma, como se acostumbra en la real politik a la mexicana, mientras todos estaban preocupados por El Piojo Herrera, la casa blanca y la venta de garaje de Pemex (tan mal le fue en la Ronda Uno que para atraer inversionistas ya pusieron los mantos petrolíferos al nivel de los miércoles de carnisalchichonería en abonos chiquitos para pagar poquito), y que los agarró dormidos. Si eso fuera cierto —que no hay pues qué esperaban—, es el velocirraptor con derecho a discernir. Es el colmillo más retorcido de la pradera, y ningún inexperto muchachito como Aurelio Nuño le iba a comer el mandado.

También causó estupor entre la tropa que una vez ungido por las fuerzas vivas y la cargada como el nuevo presidente del PRIcámbrico temprano, Manlio Fabio Superstar anunciara que habría una relación estrecha con Los Pinos, y que la llamada “sana distancia” entre el partido y el preciso era una pared que tendría que caer en nombre del amor.

Incluso para justificar esa expresión que contradecía todas las tesis de la ciencia política desde Maquiavelo a Sartori, pasando por Lino Korrodi —ja—, el sonorense explicó que el gran error del PAN (además de elegir a Fox y a Jelipillo, diría yo) fue alejar al partido de los presidentes, cuando por naturaleza, tradición, ritos e historia los choznos de don Plutarco no pueden vivir en la orfandad de Tlatoani.

O sea que, de otra manera, desprovistos son como minions sin villano.

Pero esto tiene su lógica. Si Beltrones quiere estar cerca del príncipe con el control del partido en la mano, no es solo para entregar el poder en bandeja de plata, sino para ir armando sus atajos para llegar a la grande, un viejo sueño acariciado por años con el fervor de Rico McPato contando sus centavos.

Ya lo único que pudieron hacer fue ponerle la marca personal de una prima del licenciado Peña en calidad de secretaria general. Carolina Monroy del Mazo, luchona hija de Atlacomulco, cuya lengua florida te hace evocar los discursos de Fidel Velázquez.

Como líbero, a ver si en una gambeta Manlio Fabio Superstar no la deja sembrada en la grama con la cintura rota.

jairo.calixto@milenio.com

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