Política cero

Quítame su amor, que soy un pecador

No se sabe qué fue más caótico e improvisado, el caso del gorila Bantú al que solo le falta que la PGR le siembre aunque sea mota (pobre dotor Mancera, nada le sale y hasta su propuesta de colmar con alegre vegetación las columnas del Periférico, como si fueran los Jardines Colgantes de Babilonia, le aplaudieron esta bola de desarrapados, jijos se la contingencia ambiental), o el advenimiento del nuevo líder del PRIcámbrico temprano que parece sacado de la chistera del maguito Rody (ojo millenials, pueden sorprender a sus amiguishipters con esta referencia vintage) o de una película de cómicos y canciones.

Sobre todo porque parece muy contradictorio que la llegada de Enrique Ochoa Reza parezca sacada de un manual de Fidel Velázquez, mientras el licenciado Peña, en un inesperado arranque de apertura democrática, se lanza en contra de la Loca Academia de Góbers Preciosos y Satrapitas que los Acompañan de una manera tardía pero contundente e inobjetable, para que no se salgan por la puerta falsa de la impunidad (aquí el problema es que parece que esta puerta no es los suficientemente ancha como para que quepan los gemelos diabólicos Duarte, Betito Borge, el Padrote Padrés, el Regio Medina, más los que se acumulen esta semana, menos Moreira, que es bueno, santo y puro cual virgencita que riega las flores, más ahora que le dio por demandar a quienes imprudentemente piensan lo contrario). Todo mientras el Nuño Artillero, el primer comandante de la Policía Federal, ya declaró, o lo obligaron a declarar antes de que se le suba lo Rambo, que las modificaciones a la reforma educativa, que se supone era intocable, infranqueable y refractaria a cualquier tipo de modificación, serían en concordancia con el magisterio al que tanto ha correteado, como el Coyote al Correcaminos. Pobre, al rato lo van a mandar a dialogar con los de los 400 Pueblos en cueros.

Ya no hay moral. Al rato lo van a suspender cuatro partidos, como a Tom Brady, por desinflar el discurso.

Quizá lo que pretende el licenciado Peña en toda su infinita sabiduría es despistar al enemigo mandándole señales como de catcher en éxtasis para sacarlo de sus casillas, y que quede como los fanáticos del América al ver su deschistada nueva playera  para celebrar el centenario. Mejor se hubieran puesto un sarape de Saltillo.

Como quiera que sea, quizá las palabras de Ochoa Reza nos ayudan a entender al PRI de hoy, sobre todo cuando, aplicando la psicología al revés de la Chimoltrufia, afirma: “No se vale que por pecadores, paguen todos los priistas”, en referencia a los políticos que sean atrapados con las manos en la masa.

Digo, un PRI sin pecadores sería como una flor sin aroma.

jairo.calixto@milenio.com
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