Política cero

Bambi y Dumbo dirán si viven

Se acabó el espectáculo circense tal y como lo conocemos. La propaganda del imperialismo de la cursilería y la corrección política, al igual que la labor de aquellos que desde las curules han armado sendos melodramas para lograr su objetivo, nos han hecho creer que todo esto es para bien de los animalitos y tranquilidad de sus protectores a ultranza que todavía no superan los traumas de Keiko, Bambi y Dumbo.

Y aunque siempre nos quedará el Senado, San Lázaro, la Copa MX y los procesos de licitaciones de Pemex, el nuevo aeropuerto y las cuestiones electorales que superan cualquier fantasía de los Hermanos Fuentes Gasca, la familia Atayde y los Ringling Brothers, los circos sin animales son como los periodistas sin Duarte, los complós sin Salinas y los discursos del licenciado Peña sin los respectivos elogios a las reformas estructurales.

Ya lo único que le falta al circo es que toda esta bola de oportunistas, hipsters sentimentaloides y politicastros abriendo mercado, también exijan la protección de la Mujer barbada, el hombre elefante y la Ñora Serpiente (que está así por haber engañado a su padre y a su madre) y demás fenómenos cirsenses por parte de la Profepa, al considerarlos, como el peso frente al dólar, especies en peligro de extinción.

Aunque es curioso que toda esta buena gente no ponga una lana para su manutención. 

Lo único que me tranquiliza frente al derrocamiento de las tradiciones de las tres pistas, es que con toda seguridad el Partido Verde Ecologista de México, al ver el tragedión bíblico que sus políticas han impulsado y que tienen a los animalitos cual griegos bajo el látigo del FMI, habrán de adoptarlos para llevarlos a sus sendas mansiones para que los ninis verdes y su fanaticada más rabiosa como el Piojo Herrera, Galilea Montijo o la Legarreta, muy comprometidos con las causas ambientales, los cuiden, alimenten y mimen.

Sobre todo ahora que la Semarnat ya anunció que no tiene suficientes albergues para darle posada a toda esa fauna circense que no tendrán una segunda oportunidad sobre la tierra, pues la mayoría acabará en los tacos de suaperro, abatidos por Lucerito o vagabundeando.

Una buena forma de darle un nuevo valor al ya muy desprestigiado tucán, además de la posibilidad de demostrar que su idea de lo ecológico no es un hobby para quedar bien con las buenas conciencias.

No vaya a ser que se dé una rebelión hiperviolenta en la granja, bajo el espíritu de Lukanikos, el perro de las protestas en Grecia que era como el Che, pero a ladridos.

jairo.calixto@milenio.com

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