Política cero

Apatzingán, sin súper zayayín, está Kabul

Cuando Giovani Dos Santos, conocido delantero del balompié mexicano famoso por criar fama y echarse a dormir, afirmó que la selección mexicana era poco menos que un desastre sin brújula ni sextante, hecha con los materiales del caos y el desorden, la verdad pensé que en realidad se refería al idílico estado de Michoacán, donde se corren más peligros y vejaciones en un fin de semana que en toda una vida en Damasco, Bagdad o Kabul. A lo mejor, dadas las condiciones tenebrosas del mundo, la seguridad, la paz y la concordia están muy sobrevaloradas (con sobrevivir deberíamos darnos por bien servidos), y por eso las explicaciones del góber nada precioso, Fausto Vallejo, tienen sentido cuando dice que lo que ha ocurrido en el estado que gobierna son simples “actos vandálicos” producto de un grupo de inadaptados sociales que lo único que quieren es desprestigiar el espíritu del pueblo purépecha.

Digo, pueden darse levantones, matazones, atentados, secuestros, pero de estado fallido ni hablar. Ni que la patria chica de mi general Cárdenas fuera como la CFE (en tiempos de Calderón de clase mundial) o Pemex que ha sido tan bien administrada desde sus entrañas por don Robero Deschamps, y que juntas reportan pérdidas de 45 mil millones de pesos. No sé, cuando aparecen estas cifras pareciera que lo que quieren es asustar a la clientela para cuando las paraestatales se pongan en venta de garaje, o para atraer a los profesionales coyotes del deshuesadero.

Lo bueno es que esta administración siempre puede echarle la culpa a los emisarios del pasado que dejaron el país peor que López Portillo, Echeverría y Salinas juntos (no, don Charly, porque anda chipil por el gritoneo en Londres, y lo peor es que sus compatriotas lo insultaron en inglés).

También pueden culpar de todo esto a Gamboa Patrón que, a pesar de ser un súper zayayín en el arte del encantamiento de serpientes (bueno, no es séptimo dan en la materia como don Beltrone que siempre hace ofertas que no se pueden rechazar), nomás no ha podido llevarse a lo oscurito a panistas y perredistas que se han puesto peor de calientes que eunucos en el serrallo.

Como quiera que sea, si no hubiera aparecido la carta del obispo de Apatzingán, Miguel Patiño Velázquez, que en calidad de aguafiestas denunció toda clase oscuros conciliábulos y sospechosismos entre las autoridades y el crimen organizado. Eso es imposible, eso en México no sucede.

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