Política cero

Soy Ángel Heladio, no haré travesuras

Todo lo que pudo salir mal, salió peor. Y justo cuando el Mexican moment comenzaba a darse por sentado. Así, mientras le giran nueva orden de aprehensión a Joe The Killer Abarca (en la acumulación originaria de acusaciones lo único que le falta es que también lo acusen de la caída de Constantinopla) sin que el esclerótico brazo de la ley pueda apañarlo, se ha desatado un denso festín de absurdos: el principal, que con toda la fuerza y los recursos supuestamente volcados a la búsqueda de los normalistas, nomás no pueden dar con ellos, abriendo la puerta al sospechosismo.

Y claro, tampoco coadyuva que Los Chuchos, que son como una legión de gremnlins bajo el agua, quisieran continuar la bonita tradición iniciada en Michoacán, donde luego de los desmanes de Fausto Vallejo llevaron al rector de la Universidad de Michoacán, quien ha mantenido el perfil más bajo de que se tenga memoria para que el virrey Del Castillo pueda seguir administrando el desastre, luego de la caída del aferrado de Aguirre Rivero (gran amante de la poesía naïve, por eso se fue recitando aquellos de “Navarretín, soy Ángel Heladio, no haré travesuras”) apoyaron al secretario general de la Universidad Autónoma de Guerrero, que seguramente hará lo propio y se esconderá a piedra y lodo en Chilpancingo. Bueno, como están las cosas y con Lady Iguala suelta, es lo menos que se puede hacer.

Y como si el horno estuviera para bollos, es interesante la solidaridad del lider del PRI, Camacho Quiroz. No solo cobijó a Catémoc Gutiérrez de la Torre, el señor de los Topo Gigios, y hasta lo dejó de cadenero del antro tricolor, sino que ahora con tal de no dejar abandonados a los serviciales Chuchos que en esta tragicomedia de los caminos del sur —incluso Cuauhtémoc Cárdenas, por pura lógica no porque esté resentido con Los Chuchos por arrojarle la caballería pesada, reconoció la reacción del PRD a velocidad de cámara Phantom— le quiere colgar el santito de Abarca a López Obrador. El chiste se cuenta solo. Mejor lo hubiera acusado de lo de Tlatlaya, o de Oceanografía, o del ébola, habría sido menos inverosímil.

Bueno, si César Camacho quiere parecer más solidario podría acompañar a Navarrete —al que recién llegando a la presidencia del sol azteca ya me lo quieren renunciar como Ángel Heladio— en un viaje zen a Ayotzinapa. Pero no en camionetones ni con guaruras, sino como llegó a votar el presidente Mújica de Uruguay: solo en un bochito del año del caldo.

 

jairo.calixto@milenio.com

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