Política cero

Anda muy desbalagado el pobre

Una de las peores cosas que se pueden hacer en México es jugarle al Nostradamus. Sobre todo cuando lo que se necesita en el país no son promesas vanas ni imposibles, sino al menos un proyecto modernizado de la demagogia que, siendo en algún momento uno de nuestros recursos más renovables, al paso de los años, pero sobre todo bajo el oscurantismo panista, se ha convertido en una experiencia muy pero muy decadente.  

Si no se tienen ni las herramientas ni la voluntad política para hacer de la demagogia un activo del desarrollo estabilizador, y no se dispone de la capacidad para ver más allá de lo evidente, es tiempo de resistirse a la tentación de salir a vender cuentas de vidrio.

Digo, ya ven lo que le pasó al secretario Osorio Chong que, luego de ofrecer cuentas alegres sobre la seguridad en México y ponerla casi al nivel de Suiza, inmediatamente se soltaron las matazones en Nuevo León, donde el todavía góber también había decretado al estado libre de balaceras. Y qué decir de Michoacán, donde cada vez que se instala por decreto la paz y la tranquilidad, se suelta la hiperviolencia.

Igual pasa en lo económico, cada vez que Videgaray anuncia maravillas y colaciones a los pocos minutos de poner el circo le crecen los enanos del tapanco.

Así, por no estar pendiente de estas cosas, el Piojo Herrera nomás se la pasa haciendo corajes y berrinches. Y es que solo a él se le ocurre afirmar que con esos jugadores y con ese director técnico la selección mexicana iba a ganar de calle la Copa América. Y por más que le echó la culpa a los árbitros se tuvo que tragar sus palabras, hacer muchos berrinches y pelearse con la humanidad en su conjunto. Al convertirse en la burla de la patria, prácticamente al nivel de López Portillo al prometerle a los mexicanos que se prepararan para administrar la abundancia, ya no hay manera de meterlo en cintura.

De hecho sé de buena fuente que la Femexfut está buscando la manera de que la sección 22 y la CNTE le den una terapia para meterlo en cintura, llueve o truene.

Anda muy desbalagado el pobre.

Eso sí, lo mejor de todo este espectáculo de burlesque panbolero, además de los ingeniosos y comprometidos tuits verdes, ha sido el intercambio de gritos y sombrerazos del Piojo con el cronista deportivo Christian Martinoli que, en un dos por tres, le aplicó su quitarrisas. Hay que explicarle al técnico que entrenar y tuitear no es lo mismo; entrenar es sufrir y tuitear es cobrar y gozar.

 

jairo.calixto@milenio.com

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