Política cero

Ahí está el detalle de corrupción

Veo con cierta ternura los melodramas rancheros que, a título personal o a través de diversos grupos académicos, empresariales y de investigación, protagonizan en estos días una encarnizada lucha contra la corrupción.

Con una estatura moral superior, nos muestran datos que revelan ciertamente un siniestro, apoyados en cifras estratosféricas que representan los millones que integran este sulfuroso negocio, sobre todo entre los jóvenes emprendedores que a pesar de sus nuevas y frescas ideas se ven tacleados por demonios encarnados en forma de gestor, Godínez gordos y ambiciosos, además de toda una zoología nada fantástica que hace todavía más intrincadas las tramitologías para llevarse unos moches.

Y digo ternura no por menosprecio sino por la naturaleza ingenua de sus asombros ante un fenómeno que como ya se ha dicho muchas veces en esta atalaya que tiene algo de cruz y del Pantera, lubrica los oxidados engranajes del sistema. El demonizado dicho de "el que no transa no avanza" es en realidad un eslogan, un mantra.

Todo cimentado en la idea de que el problema de la corrupción es el alto índice de impunidad. En ese sentido hay cierta razón: no es que los suizos —ya lo demostró Sepp Blatter, que ya hizo drama y se hizo internar en un hospital para generar empatías— o los suecos (baste leer la tetralogía de Lizbeth Salander para saber que los vikingos tienen lo suyito, o la autobiografía del gran delantero Zlatan Ibrahimovic, que describe la vida de los marginados en aquellos gélidos lares) no tengan una vocación moreiriana; la diferencia es que allá sí les dan su Waterloo.

Pero también hay otro elemento para destacar: las normas no están hechas para ser amañadas ni contienen el elemento corruptor que propicia, como acá en este valle de lágrimas, los arreglos en lo oscurito.

Quizá el ejemplo más simple pero más claridoso es el del Reglamento de Tránsito, que parece concebido por Jabba the Hutt. Es increíble que prácticamente por casi cualquier cosa te amenacen con llevar a tu coche al corralón, generando ante la urgencia del conductor, que por lo regular tiene mejores cosas qué hacer que pasársela en un lugar deprimente, administrado por gente de mirada torva y actitud siniestra, la necesidad de tener criterio y pasarle una corta a los gendarmes.

Ahí está la maldad, como 99 por ciento de los reglamentos de la patria. Con lo fácil que sería evitar estas cosas si en vez de cobrarte derecho de piso te dieran tu multa para luego irla a pagar al banco.

En el espíritu de las leyes está el detalle de corrupción.


jairo.calixto@milenio.com
www.twitter.com/jairocalixto