Política cero

¡Ah, qué Brutus!

A mí me escandalizan ya muy pocas cosas, y mucho menos las que escandalizan a esas extrañas mayorías que no ven como héroe nacional al señor Zerón (ojalá pronto le hagan una estatua con porte principesco esculpido en mármol con la frase que lo llevará por los caminos de la trascendencia histórica: “Yo no hice nada malo, no voy a renunciar) y como villanos reventones a los del GIEI. Que un sujeto sea llamado #LordPopó por pegarle a una señora que le reclamó que no levantara las heces fecales de su perro, no me perturba en lo más mínimo y hasta me parece injusto que porque seguramente este personaje debe tener en muy alta estima las deyecciones de su mejor amigo, tanto que las comparte generosamente con el mundo. O que el líder priista en el Senado, Gamboa Patrón, anuncie que todas las cosas que se quedaron pendientes serán seguramente resueltas en un periodo extraordinario hasta después de las elecciones, hace todo sentido, ni modo de perder el tiempo en asuntos que a nadie le importan como la Ley Anticorrupción que solo alienta la cacería de brujas de corruptos que, además, ni hay tantos en el país. O que el dotor Mancera anuncie obviedades que la gente necesita para apaciguar sus traumas, pues es público y notorio que en la CdMx todo va conforme a derecho y no hay manera de que cárteles sienten sus reales en estas tierras, salvo en las contingencias ambientales donde aparecen las mafias del Hoy No Circula. Deben ser los dioses ocultos que deben estar temiendo lo peor en la elección de quienes habrán de escribir la Constitución de la Ciudad de México que, desde que perdió su legendaria filiación de Distritito Federal, nomás no ve la suya. Al perder el gentilicio de defeños nos cayó la maldición. Ya nada más falta que Los Chuchos perredistas lleguen al poder y que Chucho Ortega nos demande, como a Sanjuana Martínez, por no declararlo Tlatoani impoluto.

Aunque es comprensible que resulte molesto que te acusen de ir al Cadillac (más aún para hombre de tan alta estatura moral que dudo mucho que se atreva a pisar esos lugares de vicio y perdición tan ajenos a la lucha de clases y del glamur solo para impregnarse de los humos y el alcohol en busca de caricias mustias), pero podrías no ponerte como #LordMeLaPelas y ser todavía más magnánimo de lo que ya eres.

Como quiera que sea, lo que sí me escandaliza es que Alejandro Murat, candidato del PRI al gobierno de Oaxaca esté haciendo del parricidio un espectáculo. Primero negó al padre, ese gran estadista; luego hizo desaparecer su apellido de la propaganda; y para rematar ahora como promesa de campaña anuncia que le impedirá a su progenitor el acceso al estado.

¡Ah, qué Brutus!

A lo mejor no le perdona que lo haya hecho priista.  

jairo.calixto@milenio.com

www.twitter.com/jairocalixto