Política cero

Administremos el entusiasmo


 

Cuando apañaron al ex góber de Aguascalientes en Guanajuato, acusado de fraudes y desfalcos, no experimenté, al igual que la gran mayoría que vio la noticia sin sorpresa ni entusiasmo, ninguna emoción. En México, con una impunidad de 90 por ciento y con suficiente experiencia como para intuir que pueden jugar con nuestros sentimientos, ya no  estamos para irnos con las fintas y creer que en efecto este político panista, conocido por sus excesos y reventones (más los de su hijo, cuyas fiestas donde se arrojaban autos Mini a la alberca hacian ver las bacanales de Calígula cual sesiones y estimulación) iba a recibir en efecto su merecido, conforme a derecho.

Si no hay esperanzas, no hay decepción. Claro que para decepciones las del equipo de atletas mexicanos en los Panamericanos de Toronto, que gracias a los buenos oficios de Alfredo Castillo en la Conade, y que está empeñado en superar su dudoso paso por Michoacán, decidió desaparecer los incentivos económicos para darle ánimo a los competidores. Un genio. Al rato les va a quitar los uniformes deportivos para disfrazarlos de Papá Pitufo y el pan pan pan El Americano.

Como quiera que sea, en estas infaustas materias cabe recordar lo que pasó con venerables priistas como Humbetico Moreira, rey del chúntaro style, Tomás Yarrington y Eugenio Hernández —puro aspirante a la Flor más bella del ejido—, además de una larga lista de altos funcionarios que por más que acumulan señalamientos y acusaciones, se vuelven más escurridizos mientras se agazapan en los recovecos de la Matrix gubernamental.

La burra no era arisca, pero también hay que evocar lo del Partido Verde, que tanto nos ilusionó con que debido a esa acumulación originaria de multas y recargos (superándose a sí mismos en cada berrido de la Legarreta, cada tuit del Piojo Herrera, cada despensa y mochila del Tucán), en cualquier momento las autoridades electorales lo iba a mandar al averno. Pero de eso, nada, el INE parece como bulto de esos que noquea Kahwagi.

Fianza en mano, Reynoso Femat se salió con la suya y con toda probabilidad no le volveremos a ver el polvo.

Lo dicho, hay que administrar el entusiasmo. Como con los ratones verdes cuando golean al trabuco de Cuba.

jairo.calixto@milenio.com

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