Desde el biopoder

Solidaridad se antepone al miedo en fenómeno migratorio

Aunque los migrantes que pasan por territorio nacional con destino a los Estados Unidos enfrentan un sinnúmero de obstáculos, existen redes de solidaridad que se anteponen al miedo que generan las redes delictivas y las políticas del gobierno de Donald Trump.

Los transmigrantes, en su mayoría, provienen de países de Centroamérica y pasan todos los días por ciudades de Puebla en busca de llegar a los Estados Unidos por mejores oportunidades de vida, huyendo de la violencia de sus propios países, de la pobreza y de un sinfín de problemas.

Las experiencias que cuentan los indocumentados están plagadas de violaciones a sus derechos, tanto por parte de autoridades como de algunos miembros de la sociedad civil, la cual no hace nada porque se respeten los derechos humanos.

Pese a los riegos, los transmigrantes seguirán buscando mejores oportunidades. Algunos lo perdieron todo, otros no tienen miedo y unos más tienen familias que esperan mejores niveles de vida. Para una gran cantidad de migrantes, las adversidades no son obstáculo para tratar de llegar a los Estados Unidos.

La persona que se desplaza por territorio nacional llevando consigo sus creencias, en muchas ocasiones reproduce prácticas religiosas específicas, como rezar para mantener su camino y no dejarse vencer por los problemas que enfrenta. Las creencias y las prácticas asociadas son herramientas de las más importantes que dotan de sentido a lo vivido y permiten entender la fuerza de los migrantes, protegidos nada menos que por su fe, tal vez su creencia en Dios, ante la adversidad.

Una lucha entre las redes de delincuencia y las redes de apoyo se mantiene. Las redes de delincuencia buscan fortalecerse y adquirir recursos de los transmigrantes que no son defendidos por las autoridades mexicanas. A la par, las redes de apoyo, entre ellas, las encabezadas en primer lugar por sacerdotes buscan protegen a los migrantes de la delincuencia.

En las redes de apoyo a los migrantes hay un compromiso humanitario, que cada día está en una constante lucha con las redes criminales. Al mismo tiempo, las autoridades mexicanas no aparecen como una posibilidad de apoyo, sino todo lo contrario, en ciertos casos, como parte de la red que permite violaciones de derechos humanos.

Al final, pese a todos los obstáculos, la solidaridad que muestran sacerdotes, religiosas y laicos se antepone al miedo y, en muchos casos, triunfa proveyendo casa y comida de la mano de la fe en una mejor vida.

 jaime.zambrano@milenio.com