Desde el biopoder

¿Por quién votará?

En una democracia, el voto, acto por el cual un individuo expresa apoyo o preferencia por un candidato en un proceso electoral, debe ser universal, libre, igual, directo, personal, independiente y secreto.

La característica de voto universal se refiere a que toda la ciudadanía puede acudir a las urnas el día de las elecciones; y es libre porque cada elector puede ejercerlo de la manera en que guste y a favor del candidato que responda a sus expectativas.

El voto es igual porque, en teoría, aunque no en la práctica, la postura de cada ciudadano cuenta con el mismo valor o peso en un proceso electoral como el del próximo 1 de julio, fecha en la que en Puebla se votará por presidente de la República, senadores, diputados federales, gobernador, diputados locales y presidentes municipales.

La característica conocida como voto directo se refiere a que cada elector emite su sufragio por un candidato, sin intermediarios, es decir, que cada miembro de la sociedad acude a ejercer su derecho.

Al mismo tiempo, en México el voto es secreto porque se debe garantizar la libre decisión del votante. Si se hiciera público el voto, el elector podría quedar condicionado. De alguna manera, el voto por aclamación, a mano alzada o expresado oralmente, puede ser coercitivo.

A poco más de tres meses de las elecciones del 1 de julio, cada vez es más frecuente la pregunta entre los jóvenes, los adultos y las personas de la tercera edad ¿Por quién votará? La respuesta no es sencilla porque cuando se da a conocer una opción, comienzan las críticas.

Si en el pasado era complicado que una persona revelara su preferencia electoral, hoy es más difícil y no porque se tenga temor de generar polémica sino porque no existen opciones reales y viables.

Actualmente, más personas aseguran que no hay opciones para votar, ni en los comicios federales, ni en las elecciones locales. No se trata de temor, ni de un afán de no querer revelar una preferencia política. En la realidad, no hay opciones. Ni los azules, ni los rojos, ni los amarillos presentan opciones reales de un proyecto para el país, ni para el estado.

Es lamentable pero pese a todas las características que debe tener el voto en México, crece la tendencia de votar por el candidato "menos malo", por anularlo y hasta por no ir a las urnas. ¿Qué sucede? Existe un hartazgo social contra la clase política.

 jaime.zambrano@milenio.com