Se asoman cambios políticos

Estas semanas hubo una profusión de encuestas de opinión cuyos resultados en general marcan un claro declive en la popularidad del Presidente Enrique Peña Nieto, así como un deterioro en la evaluación del rol del gobierno, del Congreso de la Unión y de los funcionarios públicos. Hubo dos encuestas nacionales que destacaron en el panorama informativo: la encuesta de Buendía-Loredo para El Universal, difundida el lunes 18 de agosto, y la de BGC de Ulises Beltrán para Excélsior, dada a conocer una semana después. Además, el PEW Research Center dio a conocer los resultados de una amplia encuesta realizada entre abril y mayo de este año, cuyos indicadores son casi coincidentes con las entrevistas realizadas por las dos casas editoriales. En estos sondeos de opinión, también resaltan la popularidad creciente de algunos actores, particularmente del Ejército, así como la revalorización del combate al narcotráfico.

En las próximas semanas veremos con seguridad que luego de una lectura interesada de esas encuestas, se modificarán las estrategias de los actores políticos interpelados por los resultados presentados en esos estudios. La Presidencia de la República verá la manera de recomponer su creciente impopularidad; 6 de cada 10 mexicanos reprueba la gestión económica implicada en las publicitadas como exitosas reformas estructurales. 57 por ciento está contra la inversión extranjera en PEMEX y se manifiesta contra la privatización de esa empresa pública. Entre 2012 y 2013 hubo un incremento de 14 puntos en quienes desaprueban la gestión económica gubernamental. 44 de cada 100 encuestados cree que se vive mejor si se trabaja en Estados Unidos y 34 por ciento estaría dispuesto a buscar mejores oportunidades al otro lado de la frontera. A falta de resultados previsibles en la economía, se condenará a la política presidencial a recurrir a la manipulación mediática: vender el “país casino” al mejor postor.

La estrategia de la Presidencia del país, focalizará su atención en el poder económico aliado con su proyecto, lo cual subrayará el carácter elitista, léase autoritario, de la fachada democrática en la que las mayorías no importan más que para mantenerlas silenciadas. Además, aún en los datos negativos hay manipulaciones posibles: Peña Nieto tiene un punto de vista favorable del 51 por ciento, este porcentaje es el mayor de todos los líderes políticos; le sigue Andrés Manuel López Obrador, con un 36 por ciento. Pero si se lee la opinión desfavorable, ello permitirá acentuar las distancias que hay entre Peña Nieto y los líderes de oposición, así que lamentablemente asistiremos a una guerra de descalificación de los proyectos de alternancia política que pudieran encabezar AMLO, Josefina Vázquez Mota, quien tiene la mayor proporción de visiones desfavorables, o Marcelo Ebrard, personajes escogidos en la encuesta del PEW Center.

La encuesta de Excelsior aborda apreciaciones valorativas sobre la figura presidencial: se percibe más alejada del pueblo (40 por ciento) que cercana (32 por ciento), con poco liderazgo, más falsa (41 por ciento), que sincera; más deshonesta, con 40 puntos, que honesta, con 26. En las entrevistas resulta que 42 de cada 100 personas considera que el Presidente se deja manipular, contra un 24 por ciento que considera que sí toma decisiones propias. El problema principal que sitúa cada encuesta varía: para la del PEW Center, es el crimen y la violencia; para la del Universal y del Excelsior, es el empleo. En todo caso, estos problemas representan condiciones cuesta arriba que la Presidencia buscará remontar. Pero la realidad conspira en su contra: medios independientes como el Semanario Zeta, contabilizan en 36 mil 718 los muertos por violencia criminal; cifra que supera las registradas en el mismo periodo durante el gobierno de Felipe Calderón. Peligrosamente, la confianza sigue depositándose mayoritariamente en el Ejército.


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