A 25 años, izquierdas fragmentadas

Con el 25º aniversario de la fundación del Partido de la Revolución Democrática, renacen las expectativas sobre el futuro de la izquierda en México, tanto alrededor de la coalición política que representa este partido como de la pluralidad de opciones que reclaman una agenda de inclusión y cohesión social, de mayor equidad con base en la redistribución del ingreso, la democracia participativa como fundamento del Estado social. Al PRD le ha sido escamoteado su triunfo en dos elecciones presidenciales, gobierna y ha gobernado en varios estados de la República, en algunos de ellos en repetidas ocasiones, ha logrado una presencia más que significativa en ambas cámaras del Congreso de la Unión y encabeza la oposición partidaria de izquierda en la nación. Pero a sus 25 años, esa coalición política muestra fracturas internas producto de su historia, particularmente con la salida de Andrés Manuel López Obrador.

Es obligado hablar de izquierdas en plural, pues la lucha entre facciones y dirigentes que las encabezan, los “chuchos”, Cuauhtemoc Cárdenas, los bejaranos y padiernas, no es ajena al devenir de la izquierda en partidos que abanderan esa agenda como el Partido del Trabajo, o como Movimiento Ciudadano, como tampoco el fraccionamiento es ajeno al poder de convocatoria logrado por Morena, el próximo partido en aparecer con un programa propio en el proceso electoral. Entre las fuentes para la fragmentación de esta izquierda partidista hay varios factores explicativos: el ejercicio de gobierno, con sus disputas sobre puestos y recursos financieros vinculados con el financiamiento público de los partidos; el papel cambiante del carácter opositor que trae consigo la alternancia, lo cual acentúa las diferencias respecto de alianzas tácticas y estratégicas con el gobierno en turno, como lo demostró el Pacto por México.

Actualmente, la izquierda se debate entre varios proyectos políticos: el de su respuesta a la modernidad democrática, con acento en una propuesta socialdemócrata que vigorice, de acuerdo con José Woldenberg dos grandes tareas “ contribuir a asentar y profundizar nuestras rutinas democráticas e intentar generar políticas capaces de revertir las oceánicas desigualdades que modelan el país.” Al seno del PRD se dibujan tres tendencias: la fidelidad al nacionalismo revolucionario, que puede ser una izquierda no tan a la moda, ni cómplice del gobierno, como lo señalara Cuauhtémoc Cárdenas en la conmemoración del 25º aniversario del PRD; otra tendencia representa una izquierda que se mueve al filo de la navaja entre el corporativismo y su vínculo con los movimientos sociales; y la tendencia pragmática que representa la actual dirigencia perredista que, desde una acusada realpolitik, enfrenta el riesgo de perder la brújula programática de izquierda en aras de mantener y reproducir el poder partidista y gubernamental.

Otro desafío mayor que está fragmentando a la izquierda es su posición frente a las llamadas reformas estructurales y el relativo éxito del “nuevo PRI”, en la domesticación de la oposición significada en la aceptación pasiva del modelo económico. El Índice para una Vida mejor recientemente dado a conocer por la OCDE es elocuente: “A pesar de obtener la mitad de los ingresos que reciben al año las personas de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), trabajar el doble de horas y tener menores expectativas de empleo y de vida, los mexicanos (son los que) manifiestan estar más satisfechos, tener sentimientos de paz, de gozo y sentirse orgullosos de sus logros.” La idea sobre bienestar y progreso dominante es el campo de batalla más importante para las izquierdas: mostrar que hay una agenda alternativa para luchar contra la desigualdad sin abandonar la democratización del gobierno y del espacio público.

 

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