Villas y Derecho a la ciudad

El bajío, donde se implantó tal conjunto habitacional, es una cuenca cerrada que alimenta al acuífero de Atemajac y es un colchón de amortiguamiento para evitar la urbanización del Área Natural Protegida Bosque de la Primavera. Lo que ahí se haga pone en entredicho la viabilidad de una urbanización socialmente responsable y autosustentable...y afecta el Derecho a la ciudad. 

Descubrir las dinámicas seguidas en las ciudades, nos previene sobre el futuro que queremos para poder vivir mejor juntos. Necesitamos pertrecharnos con derechos inalienables e indivisibles, que permitan regular los espacios públicos pero, también, ordenar el impacto producido por la acción gubernamental y por los agentes privados, en la transformación física, funcional, relacional de la ciudad. Ese complejo conglomerado humano que genera alteraciones sobre la naturaleza, de manera que condiciona la existencia de unos y otros, su mutua interdependencia: el agua, la tierra, el aire, frente a las limitaciones que impone el entorno construido. Si es evidente el derecho de todas-os frente al espacio público, no es tan fácil percibir cómo nos afecta al conjunto lo que unos pocos hacen para su beneficio privado. El derecho a la ciudad se propone regular esos intereses parciales en el marco de intereses generales.

Villas Panamericanas no pueden comprenderse sin tomar en cuenta que su construcción estuvo plagada de irregularidades en el orden legal urbano, en la falta de consideración sobre su efecto en el entorno ambiental y urbanístico; su carácter ilegal cimentó su ilegitimidad frente al derecho a una ciudad de todas-os. Ni se respetaron  los ordenamientos territoriales respecto del uso del suelo y densidad de construcción, establecidos en el Plan Parcial de Urbanización y Edificación entonces vigente. Ni se previeron las medidas para mitigar el impacto ambiental de un conjunto habitacional de 650 departamentos de dos y tres recámaras en cuatro edificios, que sigue sin comercializarse, ante lo cual La Inmobiliaria y Promotora de Vivienda de Interés Público del Estado (Iprovipe), adeuda más de 700 millones de pesos al fondo de pensiones del estado, cuyos intereses más el mantenimiento implican 20 millones de pesos más cada año.

El Bajío, donde se implantó tal conjunto habitacional, es una cuenca cerrada que alimenta al acuífero de Atemajac y es un colchón de amortiguamiento para evitar la urbanización del Área Natural Protegida Bosque de la Primavera. Lo que ahí se haga pone en entredicho la viabilidad de una urbanización socialmente responsable y autosustentable, cuestiona la cohesión de la ciudad como colectividad territorial y afecta el Derecho a la ciudad. Sin embargo, estos términos fueron atropellados por autoridades asociadas con el circuito inmobiliario-industria de la construcción, que quisieron hacer negocios sin rendir cuentas financieras ni administrativas y pretendieron desde la impunidad aprovecharse del ahorro de los pensionados. La zanahoria de la ganancia jugosa y rápida, bajo el manto de la economía casino, cobró la factura de lo fugaz e incierto. No obstante, lo que empezó como oposición de unos cuantos frente a fraudes e inconsistencias de las Villas, hoy constituye un movimiento social que reivindica el derecho a la ciudad.

 Primero fue ganado un Amparo contra la construcción del complejo habitacional, en el Tribunal Administrativo del Estado de Jalisco; hace unos días, esa demanda fue reconocida por un Juez Federal. Actualmente, un conjunto de agrupaciones sociales de colonos, de ambientalistas, de propietarios privados del Bosque de la Primavera, sostienen una lucha por la ciudad de todas-os. Este movimiento interpela a políticos y sus políticas urbanas. Su más reciente declaración recuerda que los ahora gobernantes se comprometieron como candidatos con: “Los grandes desafíos del crecimiento urbano en el transcurso del Siglo XXI”, que proponía reestablecer el Derecho a la ciudad responsable de resarcir los daños a ecosistemas urbanos y naturales amenazados y vulnerados; frenar la expansión urbana que daña los agro-ecosistemas; contribuir a la futura disponibilidad, abastecimiento y uso de agua. El futuro de las Villas, del Bajío, del Bosque de la Primavera, representan derechos de ciudad inalienables, indivisibles.

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